{"id":457,"date":"2011-01-13T15:04:00","date_gmt":"2011-01-13T15:04:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcomercio.es\/jo_tia\/?p=457"},"modified":"2011-01-13T15:04:00","modified_gmt":"2011-01-13T15:04:00","slug":"cuento-navidad-tardio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/2011\/01\/13\/cuento-navidad-tardio\/","title":{"rendered":"Cuento de Navidad tard\u00edo"},"content":{"rendered":"<p>Padezco una tendencia natural a perder las cosas que vienen a pares. A perder uno de los miembros de la pareja, quiero decir. Me pasa con los calcetines en la lavadora, los pendientes en las orejas, los guantes en los bolsos&#8230; y podr\u00eda seguir con asuntos menos prosaicos, pero tampoco viene al caso. Al caso viene lo de los guantes, porque ellos son los protagonistas de este cuento de Navidad tan real como la vida misma que sucede entre Nochebuena y Nochevieja en, pongamos, una calle de Gij\u00f3n. Todo comenz\u00f3 tres d\u00edas antes en el momento en que, por esa tendencia natural a la que alud\u00eda, perd\u00ed un guante. Y no un guante cualquiera, sino uno que me hab\u00eda comprado a unos cuantos miles de kil\u00f3metros de aqu\u00ed y hace unos cuantos miles de a\u00f1os. Valor real, cero, naturalmente. Lo busqu\u00e9 encima y debajo de mi mesa de trabajo, detr\u00e1s y delante de todas las puertas de mi casa y casas afines, en bares y derivados&#8230; Naturalmente, no apareci\u00f3.<\/p>\n<p>Pasaron tres d\u00edas y al tercero, que como todo el mundo sabe es el d\u00eda en que hist\u00f3ricamente se resucita (o se suele resucitar), volv\u00eda del curro bien pasada la medianoche, cansada como la vista de un viejo con cataratas, desarmada como el ej\u00e9rcito rojo en el 39, apagada como las luces de Navidad en tiempos del led&#8230; Volv\u00eda del curro como se vuelve cuando una est\u00e1 cansada, desarmada y apagada. O sea, mirando para el suelo. O sea, con la cabeza gacha y procurando visualizar un folio en blanco (que no es mal truco cuando se pretende no pensar en nada) y entonces lo vi. Era un bulto sospechoso en una esquina entre la calle en la que vivo y la que la cruza. Un bulto negro, mojado y pisoteado que cog\u00ed con dos dedos y mucho asco. \u00a1Era mi guante! All\u00ed estaba, all\u00ed segu\u00eda despu\u00e9s de tres d\u00edas a la intemperie.   <\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm\">\n<p style=\"margin-bottom: 0cm\">La historia dice bien poco del servicio de Emulsa, esa es la verdad, tan cierta como que su importancia es nula, porque entiendo que a nadie que no sea yo misma le puede importar lo m\u00e1s m\u00ednimo que pierda o deje de perder o encuentre o deje de encontrar un pu\u00f1etero guante, pero el caso es que hoy, que tras unas jornadas sumergido en jab\u00f3n y suavizante he vuelto a ponerlo, tengo la sensaci\u00f3n de que un mal d\u00eda siempre puede acabar bien. Y eso no es ninguna chorrada.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Padezco una tendencia natural a perder las cosas que vienen a pares. A perder uno de los miembros de la pareja, quiero decir. Me pasa con los calcetines en la lavadora, los pendientes en las orejas, los guantes en los bolsos&#8230; y podr\u00eda seguir con asuntos menos prosaicos, pero tampoco viene al caso. Al caso [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":27,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/457"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/27"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=457"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/457\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=457"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=457"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=457"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}