{"id":960,"date":"2013-08-26T16:52:28","date_gmt":"2013-08-26T16:52:28","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/jotia\/?p=960"},"modified":"2013-08-26T16:52:28","modified_gmt":"2013-08-26T16:52:28","slug":"camino-a-santiago-o-ya-si-eso-llamamos-un-taxi-capitulo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/2013\/08\/26\/camino-a-santiago-o-ya-si-eso-llamamos-un-taxi-capitulo-ii\/","title":{"rendered":"Camino a Santiago (o ya si eso llamamos un taxi) Cap\u00edtulo II"},"content":{"rendered":"<p>El camino se mide en kil\u00f3metros y en fatigas. Se mide en momentos. Los momentos son paisajes pero tambi\u00e9n son peregrinos, paisanos que te encuentras al otro lado de la cuneta y mujeres que te ofrecen un frixuelo (una filloa) a la puerta de su casa. El camino tiene sus tiempos, que no siempre son los tiempos que marca el reloj. Ni el sol siquiera. Yo, por ejemplo, he aprendido a apreciar las ma\u00f1anas. A dejarme calentar la espalda poco a poco mientras amanece despacio, como con pereza. He aprendido a disfrutar del aire que huele, no s\u00e9, como supongo que debe oler la pureza.<\/p>\n<p>El camino se mide tambi\u00e9n por etapas: las oficiales, de no s\u00e9 d\u00f3nde a no s\u00e9 d\u00f3nde m\u00e1s, y las que t\u00fa te vas marcando. Hoy hemos cruzado la Ribeira Sacra, con sus montes peque\u00f1os y con sus caminos sinuosos, con sus pinos y con sus benditas menc\u00edas, esas que dan un vino sabroso y espeso que huele a gloria y sabe a cielo. Al final, caminando ya en modo \u2018Walking Dead\u2019 los 23 kil\u00f3metros del d\u00eda (ayer  fueron 30 y hay que ahorrar energ\u00edas), Rosa (simplemente Ros, de \u2018mecagoen\u2019, a esas alturas) me ha dicho: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 ser\u00e1 que caminemos lo que caminemos, los cinco kil\u00f3metros finales son el infierno?\u201d. No he podido contestarle, necesitaba mi aliento, pero creo que ya tengo la respuesta. El problema no es de los kil\u00f3metros, es nuestro. El problema es que cuando te parece que ya queda poco dejas de pensar en el camino para pensar en las chanclas y en la ducha y una o tres estrellas de Galicia congeladas. Y entonces el camino te devuelve a tu sitio y descubres m\u00fasculos de tu cuerpo que no conoc\u00edas. Porque te duelen.<\/p>\n<p>En uno de esos momentos he descubierto el secreto. Y el secreto, como pasa siempre con las cosas grandes, es sencillo, muy sencillo: cuando piensas que ya no puedes m\u00e1s s\u00f3lo hay algo que te empuja a seguir adelante, una especie de letan\u00eda: Un pie, otro pie y el paisaje; un pie, otro pie y el paisaje; un pie, otro pie y el paisaje\u2026<\/p>\n<p>Le pasa a este camino lo que a todos los caminos, incluidos esos que se toman sin salir de casa. Le pasa que no conviene mirar mucho hacia adelante. Tampoco hacia atr\u00e1s, naturalmente. La meta no es Santiago. La meta es un pie y despu\u00e9s otro.<\/p>\n<p>Hoy es el quinto d\u00eda y empiezo a tener claro que Santiago no es el final de nada. Puede que tampoco el principio. Porque lo importante, lo ha sido siempre, es dar el siguiente paso. Un pie, otro pie y el paisaje.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El camino se mide en kil\u00f3metros y en fatigas. Se mide en momentos. Los momentos son paisajes pero tambi\u00e9n son peregrinos, paisanos que te encuentras al otro lado de la cuneta y mujeres que te ofrecen un frixuelo (una filloa) a la puerta de su casa. 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