{"id":973,"date":"2013-09-03T10:03:27","date_gmt":"2013-09-03T10:03:27","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/jotia\/?p=973"},"modified":"2013-09-03T10:03:27","modified_gmt":"2013-09-03T10:03:27","slug":"el-fin-o-el-principio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/2013\/09\/03\/el-fin-o-el-principio\/","title":{"rendered":"El fin o el principio"},"content":{"rendered":"<p>Camino a Santiago (y ya si esto llamamos un taxi) Cap\u00edtulo VIII<\/p>\n<p>Cuando era peque\u00f1a, adem\u00e1s de astronauta, arque\u00f3loga y reportera de guerra, yo quer\u00eda ser mayor. Quer\u00eda pintarme los ojos como mis t\u00edas, quer\u00eda probar el vino y quer\u00eda comer los ansiados huevos que siempre mentaba mi madre ante cualquier prohibici\u00f3n. Quer\u00eda tambi\u00e9n descubrir que significaba aquello de \u201cAy, si pudiese volver atr\u00e1s sabiendo lo que ahora s\u00e9\u2026\u201d. Constantemente me preguntaba qu\u00e9 co\u00f1o ser\u00eda eso que sab\u00edan los mayores (me lo preguntaba sin la palabra \u2018co\u00f1o\u2019, claro est\u00e1, que no era tan malhablada; tampoco me dejaban mis padres). La cosa es que ahora que lo s\u00e9, tambi\u00e9n s\u00e9 que expresar eso que te pega en el coraz\u00f3n y en el cerebro de forma simult\u00e1nea y absolutamente radical siempre es lo m\u00e1s dif\u00edcil. A veces imposible. Porque yo no soy Garc\u00eda M\u00e1rquez y en ocasiones, muchas, vivo solo para vivir y no para \u2018contarla\u2019. <\/p>\n<p>As\u00ed que pasar a palabras la llegada a Santiago de Compostela se me hace m\u00e1s cuesta arriba que la subida a O Cebreiro. Por deformaci\u00f3n profesional, siempre que me pasa esto, cada vez que me bloqueo, utilizo el orden cronol\u00f3gico. Y ah\u00ed voy.<\/p>\n<p>Salceda, 6 de la madrugada. Como cada d\u00eda, el despertador suena cuando ya llevo un rato con los ojos abiertos (una sensaci\u00f3n nov\u00edsima para m\u00ed), y me levanto dando un salto (esto m\u00e1s que nov\u00edsimo resulta extraterreste), y empieza el ritual: recoger b\u00e1rtulos a oscuras y en silencio, unos empujones y un \u2018perd\u00f3n, perd\u00f3n\u2019 al empujado y\/o empujada, vaselina en los pies, ajuste de botas y pista. A\u00fan a oscuras es dif\u00edcil caminar, pero nos juntamos con unos peregrinos austriacos que parecen conocer el camino como si estuviesen dando un paseo por las afueras de Viena, y les seguimos. 26 kil\u00f3metros m\u00e1s y Santiago. Non stop. Apenas para desayunar cuando ya ha amanecido y una gallega con ganas de hablar y escasos rudimentos de castellano me pone mis dos caf\u00e9s negros, mi pl\u00e1tano y mis tostadas.<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana se parece a las del resto: la mochila pesa y los pies a veces saltan y otras se arrastran. Pero no es una ma\u00f1ana como las dem\u00e1s. El santo empuja (dicen que tira, pero yo lo noto en la espalda, puede que sea lo que pesa la condenada mochila).Y apretamos el paso. En silencio. Cosa rara, porque somos de natural hablador y hasta cantar\u00edn (a veces incluso demasiado, es lo que tiene ser fans del exceso). Hoy no. Hoy vamos en silencio y no hacemos grupos. Cada uno va consigo mismo, y eso, a estas alturas, es m\u00e1s que suficiente.<\/p>\n<p>Y llego sola al Monte do Gozo. Santiago de Compostela, 7 kil\u00f3metros. Y sigo caminando. M\u00e1s r\u00e1pido. Y entonces, el primer avistamiento: la ciudad est\u00e1 ah\u00ed abajo. Me duele hasta el ombligo, pero Santiago me empuja y yo empiezo a notar algo caliente que me arrolla por la cara. Joder, estoy llorando. Y lo que me queda. Un peregrino me para y me pregunta si estoy bien. \u201cNo s\u00e9 si he estado mejor en toda mi vida, gracias\u201d. Y sigo camino. Y llega el cartel de Santiago, San-tia-go. Y no me paro. Voy caminando o flotando, ya no lo s\u00e9. Y as\u00ed enfoco la r\u00faa de San Pedro (c\u00f3mo iba a llamarse la entrada al cielo).Y al girar en una esquina, la aguja de una de las torres de la catedral y lo que, supongo, es la berenguela. Imposible describirlo. Lo siento.<\/p>\n<p>Cruzando el pasadizo que comunica la plaza de La Inmaculada, la del convento de San Mart\u00edn Pinario, con el Obradoiro me ha dado hasta el hipo. Ya est\u00e1. He llegado. Y subo las escaleras hasta el p\u00f3rtico de la Gloria corriendo y me voy desenganchando la mochila y me dejo caer en un banco. Hay japoneses y se\u00f1ores de Murcia haciendo fotos, pero yo no les veo ni tampoco les oigo. Y as\u00ed, en el m\u00e1s absoluto de los silencios, me encuentro por fin en casa. Y yo, que tra\u00eda una lista de encargos y peticiones m\u00e1s larga que un d\u00eda sin Albari\u00f1o, s\u00f3lo tengo una palabra: gracias. O cinco: gracias, gracias y m\u00e1s gracias.<\/p>\n<p>El camino ha terminado, pero a estas alturas ya s\u00e9 que el camino no se acaba nunca. Y salgo de la catedral y me siento en la plaza de las Quintanas, y me quito las botas, y contemplo como el mundo sigue girando y yo \u00ac\u2013con chanclas y una estrella (de Galicia, por supuesto) delante- sigo caminando, aunque ya de otra manera. Pero esa es otra historia. De momento: \u00a1Utreiaaa!<\/p>\n<p>PD. Este Camino se ha llevado a cabo sin el maltrato de ning\u00fan animal (a excepci\u00f3n de nosotras mismas) y sin haber tenido que llamar un solo taxi. Ah\u00ed queda eso.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Camino a Santiago (y ya si esto llamamos un taxi) Cap\u00edtulo VIII Cuando era peque\u00f1a, adem\u00e1s de astronauta, arque\u00f3loga y reportera de guerra, yo quer\u00eda ser mayor. Quer\u00eda pintarme los ojos como mis t\u00edas, quer\u00eda probar el vino y quer\u00eda comer los ansiados huevos que siempre mentaba mi madre ante cualquier prohibici\u00f3n. Quer\u00eda tambi\u00e9n descubrir [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":27,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/973"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/27"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=973"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/973\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=973"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=973"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=973"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}