Javier García Valledor anuncia su posible abandono de la Junta General del Principado. El diputado de IU tomará una decisión definitiva sobre el escaño después de la Semana Santa. Por su parte, Jesús Iglesias considera que los parlamentarios que no acatan las decisiones de IU tienen un difícil encaje en el grupo. Valledor tiene ya un pie en la calle.
La difícil convivencia de Valledor con Iglesias en el Parlamento toca a su fin. Desde que el coordinador de IU anunciara que sería candidato a la Presidencia del Principado, la relación entre ambos dirigentes se volvió tensa. Valledor era entonces el consejero más popular del Gobierno por Areces y tuvo que aceptar que la jerarquía interna de Iglesias se trasladara a las instituciones autonómicas. Ambos líderes compartieron el rechazo a la integración de IU en el Gobierno, tras las últimas elecciones, y la común oposición a los socialistas ocultó sus divergencias. Bastó que Javier Fernández optara por reabrir la negociación para llegar a un pacto con IU para que la posición de Valledor en el grupo resultara insostenible. En la negociación del actual Gobierno de coalición IU mantuvo a Valledor al margen. El diputado de IU podía haber optado por la supervivencia parlamentaria asimilando la labor de diputado a la gimnasia de mantenimiento: ejercicio de brazos para votar combinado con respiraciones hondas desde del escaño. Valledor hizo justo lo contrario: actuó con la libertad del que se considera dueño de su representación y aplicó su particular estilo de oposición, con una especial dedicación al consejero Riopedre. La cosa llegó tan lejos que en vísperas de votarse una moción crítica con la evaluación del profesorado, los diputados del PP pidieron que Valledor fuera coherente y se adhiriera a la propuesta.
En los últimos años se impuso un modelo de crisis interna en IU que pasa por las gruesas descalificaciones y la degradación de las relaciones en el partido. Parece que Iglesias y Valledor han optado, afortunadamente, por un formato distinto, al anunciar el diputado crítico que abría un periodo de reflexión sobre el escaño. Catorce años de actividad parlamentaria de Valledor y muchos más de amistad con Iglesias demandan un esfuerzo para saber combinar la firmeza de las decisiones con la elegancia en las formas.