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Juan Neira

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LAS PENSIONES NECESITAN TRABAJO

La propuesta de elevar la edad de jubilación a los 67 años la realizó Zapatero, por sorpresa, pensando en los retos de la semana: la comparecencia en el Foro de Davos y la publicación del peor dato para la economía española desde que empezó la crisis, el 11,4% de déficit público. El presidente presume de conducir con luces largas, pero su política se ilumina con luces de situación. Cualquier modificación legal sobre el régimen de pensiones debe debatirse en el marco del Pacto de Toledo, y Zapatero realizó el anuncio de forma unilateral, con desconocimiento de sindicatos, empresarios, partidos de la oposición y miembros del Gobierno, ministro de Trabajo incluido. Una original forma de predicar la suma de esfuerzos.
Una vez criticada la manera de hacer la propuesta entremos en el fondo del asunto. Las primeras reacciones de partidos y agentes sociales han sido decepcionantes, al descalificar rotundamente la iniciativa. Particularmente llamativa la respuesta del PP, hablando de “recorte de derechos”, confundiendo su mensaje con el de Comisiones Obreras. Para empezar digamos que en los principales países de la UE se discute sobre elevar la edad de jubilación, porque en Francia rige el tope de los 60 años, puesto por Mitterrand en los locos años ochenta, y en Alemania un tercio de los trabajadores se jubila antes de los 65 años. En Inglaterra, la oposición quiere acelerar la propuesta de elevar la edad de jubilación a los 67 años, realizada por Tony Blair. Lo que propone Zapatero coincide con los planes de los gobiernos europeos.

Los datos

En materia de pensiones resulta imposible elaborar discursos políticos sin tener en cuenta los datos técnicos. En las últimas tres décadas hemos pasado en España de tres millones de pensionistas a cerca de nueve millones, mientras que la población activa sólo se duplicó. En los últimos cinco años, el gasto en pensiones se incrementó en cerca del 50%. Todo ello habla de los efectos del envejecimiento de la población y el insuficiente relevo generacional.
En otros países europeos también está presente el fenómeno del envejecimiento, pero sus sistemas de pensiones descansan en otros cimientos. Veamos algunos rasgos diferenciadores. En Suecia, Hungría, Polonia y Eslovaquia, el cien por cien de la mano de obra tiene suscrito un sistema complementario de pensiones. En Italia, Alemania, Portugal y Finlandia, la pensión tiene que ver con la esperanza de vida, al dividir la contribución aportada por el número de años previsto como estándar. En algunos países, como Francia, para gozar de una pensión contributiva hay que haber cotizado un mínimo de 25 años. En todos los países miembros de la UE, la pensión se calcula en función de la contribución realizada a lo largo de toda la vida laboral. Digamos que, en líneas generales, el actual sistema español exige menos sacrificios o es más benigno para el titular de la pensión.
Hay dos realidades que conducen a alargar la vida laboral. Cuando se generalizó el sistema de pensiones, la esperanza de vida del pensionista era de cinco años y actualmente es de diecisiete. A esto añadamos que en España la edad media en que se termina la vida laboral está situada en los 63,5 años. Hace cuatro décadas, muchos jóvenes trabajaban antes de los 20 años y ahora la mayoría no lo hace hasta después de los 25.

Prejubilaciones

Si el objetivo básico es alargar la vida laboral del trabajador, lo primero que se debe hacer es acabar con el vergonzoso sistema de las prejubilaciones, una práctica laboral muy seguida en Asturias, cuando en los años ochenta del siglo pasado se puso en boga un sistema revolucionario para detener el paro: retirar a los trabajadores del mercado de trabajo. Ni los profesores se pueden jubilar a los 60 años ni los siderúrgicos y bancarios a los cincuenta y pocos ni los mineros a los cuarenta y poquísimos ni los trabajadores de las grandes empresas cuando le venga en gana al centro de la multinacional.
Resulta descorazonador ver que, recientemente, la Universidad de Oviedo y la Consejería de Salud ofertan o fuerzan a destacados profesionales a irse a su casa por motivo de edad. Una operación que se sufraga con el dinero del contribuyente. La vieja idea sindical de retirar pronto para dar una oportunidad a los jóvenes está basada en dos equívocos. Económicamente, la propuesta es ruinosa para el sistema, porque la productividad de un trabajador se la comen dos sueldos –el activo, más la pensión del prematuro pasivo- y funcionalmente es falsa. La idea del relevo sólo vale para un mercado de trabajo de peones, pero a un trabajador cualificado no lo sustituye un joven sin experiencia. Un médico o un profesor sénior están en condiciones de rendir más que nunca aportando su caudal de conocimiento. Sólo en los sectores poco competitivos se pueden permitir el lujo de retirar a los que más saben.
Zapatero propone elevar progresivamente la edad de jubilación hasta los 67 años. Una medida en la dirección correcta. Cada año que se retrasa la jubilación, la caja de la Seguridad Social gana 8.240 millones de euros, una cantidad insuficiente para hacer frente al creciente gasto en pensiones (recuerden: en los últimos cinco años casi el 50%). Ante un escenario prolongado de crisis económica, será preciso ahondar en la dirección propuesta. Puestos a hacer sacrificios, mejor trabajar que sufrir un recorte drástico en la cuantía de las pensiones.

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