Sabíamos que la vida política asturiana no se atenía a los estándares habituales en otras regiones, pero resulta asombroso imaginar que a estas alturas la gente acude en una proporción notable a las sedes de los partidos tradicionales para recoger el carné. Cuando los ciudadanos dicen que los políticos son el tercer gran problema del país, en nuestra región pican a la puerta del PP para militar. Aunque la lluvia fina de los primeros días está dando paso a un abandono generalizado del PP, no descarto que veamos pronto al burócrata de turno diciendo que hay más gente en el partido que nunca. Se pueden forzar los perfiles de la realidad, pero evitando traspasar la frontera que separa del surrealismo. El arte y la política se rigen por distintos cánones. Está en juego la credibilidad.
La táctica de negar lo evidente no aporta ningún beneficio político. Una organización dejada de la mano de Dios durante largos años no puede revitalizarse cuando estalla el mayor conflicto interno. El PP regional podrá sacar un resultado mejor o peor en los comicios autonómicos, pero su principal activo no se encuentra en la región, sino en Madrid. La fuerza de un gran partido nacional, alternativa de Gobierno en España, es la principal baza de Pérez-Espinosa para que los asturianos voten la lista que encabeza, porque si reparasen en lo que se ha convertido el PP regional el comportamiento del electorado sería como el de la militancia.