Dentro del gran endeudamiento de las comunidades autónomas -107.000 millones y sigue subiendo-, el caso asturiano presenta algunas ventajas. La mayor diferencia con otras regiones está en la cuantía de la deuda. Entre el Principado, los organismos autónomos y las empresas públicas, anda por los 1.700 millones. Una cantidad pequeña si la comparamos con la que soportan los territorios que encabezan el ranking del endeudamiento, como Cataluña, con más de 30.000 millones o
Asturias abona 212 millones al año, entre amortización de créditos e intereses. Una factura moderada si tenemos en cuenta el presupuesto del Principado, el PIB de la región y el crecimiento de la deuda en toda España. En términos proporcionales representa una carga en los presupuestos regionales que no llega al 50% de la que comporta en las cuentas del Estado la deuda del Gobierno central. Hasta aquí, todas las consideraciones son positivas.
La reflexión crítica sobre la deuda asturiana tiene que ver con su súbito crecimiento –el 46% en el último año-. En los presupuestos de los años 2009 y 2010, tanto Areces como Rabanal, preveían endeudarse por una cantidad menor, pero las exigencias del socio del Gobierno les llevó a solicitar un volumen mayor. Como siempre hay necesidades sociales que presionan a favor de un mayor endeudamiento, sería bueno que