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Juan Neira

LARGO DE CAFE

ANOMALÍAS DEL GOLPE

Se cumplen 30 años del intento de golpe de Estado de Milans del Bosch y Tejero. Cada aniversario del 23-F se hace un hueco en los medios de comunicación; en esta ocasión, como se trata de un número redondo, hay que hacer un esfuerzo extraordinario para mostrar tesis impactantes: un agente secreto poniendo día y hora a la rebelión o convirtiendo a un amigo del Rey en estratega de la operación.

Del 23-F siempre me llamaron la atención dos cosas: la obsesión por encontrar hechos ocultos decisivos y el protagonismo del público. Veamos ambos asuntos. No recuerdo ningún golpe de Estado, fallido o victorioso, que se haya perpetrado de una forma más visible. Una acción televisada, en un espacio acotado, y con los protagonistas tomando decisiones a la vista de todos. Hasta un niño podría señalar al día siguiente quienes habían sido los culpables. Sin embargo, movidos por una pulsión extraña, políticos, periodistas, historiadores y peatones se pusieron a hacer cábalas sobre los verdaderos culpables. Cualquier comentario crítico sobre la gestión de Adolfo Suárez fue analizado retrospectivamente en clave de presunto golpista ¡Cómo si la gestión de Suárez en 1980 no hubiera sido un desastre! La participación en cualquier reunión, en los meses previos al golpe, en la que hubiera algún jefe del Ejército también fue interpretada como una prueba de culpabilidad. El proceder del Rey, Múgica, Felipe González o Fraga Iribarne fue mucho más chequeado que el comportamiento de los uniformados que tomaron al asalto el Congreso de los Diputados ¡La de libros que se escribieron sobre lo que tardó el Rey en salir en televisión! Este contraste entre la retransmisión en directo del golpe y la paranoia por los aspectos ocultos del mismo me lleva a concluir que lo evidente nunca es creíble.

Y vamos con el público. Cuando un ciudadano anónimo habla del 23-F se siente obligado a decirnos lo que hacía en esos momentos, aún a riesgo de contarnos cosas tan poco heroicas como que salía del cine o se estaba duchando. Los españoles no hicimos nada por aplastar la rebelión. Sin embargo, ese afán por tener un protagonismo activo, aunque sea como sufridos espectadores, demuestra que la conciencia colectiva no pudo soportar que en el periodo de seis años terminara una dictadura y se abortara un golpe de Estado, con la gente recluida en su vida particular.

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por JUAN NEIRA

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