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Juan Neira

LARGO DE CAFE

SEGURIDAD NUCLEAR

Javier Fernández ha hablado de la energía nuclear, el asunto más candente del presente. El candidato socialista considera que las centrales españolas deben estar en funcionamiento hasta el año 2025, y que hasta esa fecha hay tiempo suficiente para debatir con sosiego sobre el papel de la energía nuclear en el modelo energético español. No se deben tomar decisiones en un clima tan emotivo como el actual, con la opinión pública alarmada por la emergencia de la central de Fukushima, en riesgo de fundirse el núcleo y extenderse las partículas radioactivas. España no es Japón, ni sufrimos en toda nuestra historia un seísmo y un tsunami que se pueda comparar lejanamente con el que asoló aquel país. La decisión de Ángela Merkel, de interrumpir la prórroga de las centrales nucleares, no es un ejemplo a imitar, sino la viva expresión de oportunismo político, porque no está tomada pensando en la seguridad de los alemanes, sino en la intención de voto de los próximos comicios regionales que puede ser favorable a los socialdemócratas y a Los Verdes. Como en España se admira a Merkel, la expeditiva medida de la canciller fue recibida con ovaciones. Resta el consuelo de saber que en su país no goza de tanta estima.

Antes de que sucediera la catástrofe en la central de Fukushima, el debate sobre el modelo energético se había abierto un hueco en la agenda política española. La dependencia de los combustibles fósiles, el déficit tarifario, las costosas subvenciones a las energías renovables y las subidas del precio de la luz habían contribuido a ello. Ahora bien, una cosa es debatir sobre energía y otra reducir la discusión a una visión maniquea sobre las centrales nucleares. No se dan las condiciones para valorar las distintas alternativas con ecuanimidad.

Sin embargo, lo que resulta imparable es el debate sobre la seguridad de las centrales nucleares. Una cosa es aceptar la necesidad de la energía nuclear y otra muy distinta es dar por buenos los estándares de seguridad que tienen las centrales. Todo indica que el desastre de Fukushima va a marcar un antes y un después, porque a diferencia de lo que pasó con Chernóbil, las centrales japonesas están homologadas con las europeas o norteamericanas. Si construir una central cuesta 6.000 millones de euros, a lo mejor la factura tiene que crecer un 30% ¿Serán económicamente rentables?

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por JUAN NEIRA

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