La precampaña electoral cursa con hechuras de verdadera campaña. En lo que va de año, los principales líderes nacionales han pasado por Asturias, cosa que no hicieron hace cuatro años. Zapatero y Rubalcaba estuvieron en Oviedo y Gijón. Cayo Lara y Llamazares vinieron a respaldar a Jesús Iglesias. Rosa Díez también se acercó a apoyar a Ignacio Prendes, candidato de UPyD. Dejo para el final al PP, donde la visita de altos dirigentes del partido, desde Rajoy hasta Cospedal, pasando por Pío García-Esudero, González Pons, Soraya Sáenz de Santamaría, Ruiz-Gallardón o Antonio Basagoiti, es una práctica tan desconocida como inusitada. Faltan por venir, Aznar, Esperanza Aguirre y Feijóo, pero no estoy seguro de que se les espere. Viendo el flujo de dirigentes del PP que viaja a Asturias, tal parece que la suerte autonómica del partido se sustancia exclusivamente en las urnas asturianas. Ya sé que los intereses del PP son mucho más vastos, pero en Asturias hay más cosas en juego que en otras citas electorales, porque se puede reproducir en la Junta General del Principado el esquema parlamentario de la derecha navarra. Una situación así causaría honda pena a Rajoy.
PODER Y TABÚ
En la precampaña hemos visto que los tres principales candidatos utilizan estilos diferentes para llegar al elector. Javier Fernández contacta con equipos directivos de empresas o con grupos sindicales, visita a alcaldes y se entrevista con el rector de la Universidad. Los encuentros de Javier Fernández representan la continuidad del poder, están llenos de mensajes esperados e identificables, resaltando la importancia de la riqueza forestal o la necesidad de la innovación tecnológica. En Asturias el poder siempre fue socialista, y aunque en una legislatura no fue así, el ciudadano medio no la recuerda. Con la excepción de su participación en los mítines de Zapatero y Rubalcaba, los contactos del candidato socialista se hacen con grupos reducidos y cualificados de personas. A los representantes de empresas, a los sindicatos o a los colectivos culturales les interesa conocer qué piensa el candidato del partido que ganó siempre en Asturias.
Por su parte, Pérez-Espinosa lanza muchos mensajes concretos, entrando en algunas contradicciones, como cuando apeló a la competencia entre servicios públicos y privados, que al entrar en detalles se convirtió en cooperación de lo público con lo privado. Entre competir y cooperar hay alguna pequeña diferencia. La ruta electoral de Pérez-Espinosa está marcada por las visitas de los dirigentes nacionales del PP, que lanzan un mismo mensaje: el PP es la única alternativa al PSOE y Pérez-Espinosa es una gran candidata. Todo el discurso de los líderes del PP está construido para neutralizar a Cascos y a Foro Asturias, pero evitan nombrarlos. Cascos es tabú para el PP y del tabú nace el complejo. Es muy indigesto estar pensando siempre en algo que no se puede decir.
La campaña de Foro Asturias se basa en los concurridos mítines de Cascos, todos ellos construidos con un mismo patrón: evocación de los rasgos históricos del lugar, para entrar en harina con los asuntos más candentes de la actualidad (Riopedre, Villa Magdalena), de los que extrae una consecuencia: la gobernación de Asturias descansa en el consenso entre PSOE y PP, con los socialistas tomando decisiones y el PP de oposición consentidora. En el Ayuntamiento de Oviedo se invertirían los papeles.
Javier Fernández hace la campaña del poder, Pérez-Espinosa juega al rol de partido alternativa, y Cascos lanza una enmienda a la totalidad del sistema asturiano, que se prolonga ya por tres décadas. Ninguno de los tres enseña el programa electoral.
DEUDAS
Al margen de la precampaña, la actualidad está llena de acontecimientos. Uno de los asuntos que no han abordado los candidatos y va a tener una gran incidencia en los próximos meses, viene marcado por el acuerdo europeo sobre estabilidad financiera, que ha puesto dos deberes a España: tomar medidas sobre relaciones laborales y recortar el gasto autonómico. En el último año, la deuda de las comunidades autónomas ha crecido un 32%. Desde el año 2008, la deuda global ha pasado de los 55.000 millones a 115.000. Los gobiernos regionales han hecho unos programas de gasto irreales, que sólo se sostienen con el recurso de la deuda. Cataluña, la comunidad más endeudada, acaba de acudir a los mercados a colocar 300 millones de deuda y ha fracasado. Ofreció un interés semejante al de la deuda soberana portuguesa y le han dado calabazas. Por la mitad de interés, España acaba de colocar quince veces más de papel. Es una cuestión de credibilidad. Mas, como Montilla, recurre ahora a los bonos patrióticos, para que los ciudadanos compren títulos de la Generalitat, como hasta el otro día compraban participaciones de Rumasa: movidos por la codicia de los extratipos.
Vamos a ver si los árboles no nos impiden ver el bosque: con la impresionante deuda que gravita sobre Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares, Castilla-La Mancha y Galicia, el flamante modelo de financiación autonómica está muerto. Este mismo año los catalanes van a romper la baraja. ¿Qué dicen los candidatos asturianos? ¿Qué plantean para gestionar la sanidad y la educación? ¿Es realista recortar recursos en servicios sensibles, como Oncología, de hospitales concertados? Sin abordar estas cosas, la campaña es pura ficción.