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Juan Neira

LARGO DE CAFE

LA SUCESIÓN DE ZAPATERO

Parece que antes de encarar la recta final de las elecciones autonómicas y municipales Zapatero despejará la margarita de la sucesión. No hay ningún plazo legal que le fuerce a ello, pero el hecho de hacerlo, antes de entrar en la campaña electoral, sería la mejor prueba de que el candidato a la Presidencia del Gobierno de España no será el actual inquilino de La Moncloa. Los barones autonómicos socialistas temen, con razón, recibir un duro castigo en las urnas por culpa de la gestión de la crisis económica, y con la retirada del principal responsable el varapalo se atemperaría. ¿El guion de la retirada está dictado por Zapatero?

El presidente del Gobierno nunca dijo nada sobre limitación de mandatos. No siguió la pauta marcada por Aznar. En esta legislatura, con la lista del paro aumentando, hizo lo mismo que Sarkozy: gastar ministros y sacar conejos de la chistera. El desempleo mantuvo el pulso ascendente y Zapatero se fue quedando sin trucos. Con el último cambio de Gobierno, en el otoño pasado, jugó la carta del valido, al dar todo el poder a Rubalcaba, quedando él en segundo plano. A partir de ese momento, la situación dejó de estar en sus manos. El flamante vicepresidente primero del Gobierno es el dirigente de mayor valía del PSOE, y en pocas semanas oscureció al presidente y borró el recuerdo de alguno/a de las estrellas socialistas de la égida Zapatero. Luego, se le complicaron las cosas con el ‘caso Faisán’, y el último internamiento hospitalario sirvió para mostrar su frágil salud, un asunto muy comentado hace tres o cuatro años, pero del que no había pruebas.

Los contratiempos sufridos por Rubalcaba no dieron paso al resurgimiento de Zapatero, sino que aumentó la nómina de potenciales sucesores, con la ambición de Chacón, la sombra de Bono y la jerarquía partidaria de Blanco: el olor de las primarias. Zapatero tiene resortes para silenciar a los sucesores, pero carece de autoridad para llevar al matadero a los candidatos autonómicos y municipales del PSOE. Una cosa es perder y otra sufrir un descalabro. La renuncia de Zapatero a intentar un tercer mandato tendría la apariencia de una autocensura política, algo parecido a una dimisión voluntaria, y la gente podría votar pensando en el mejor candidato para gobernar su región o ciudad. Es el mejor servicio que puede hacer Zapatero a la causa del socialismo.

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por JUAN NEIRA

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