En la conferencia pronunciada por Álvarez-Cascos en el auditorio de Oviedo, invitado por Tribuna Ciudadana, el presidente de Foro Asturias ha explicado la razón de ser de su partido y los problemas y déficit que pretende superar. Desde el supuesto de partida, cifrado en el rechazo de la sociedad asturiana a la insolvencia administrativa, la degradación institucional y el conformismo gubernamental, el conferenciante hizo un repaso sobre la desastrosa situación que vive el patrimonio histórico-artístico, el empantanamiento de las infraestructuras de comunicación, el lánguido discurrir de la economía regional, para terminar criticando las prácticas de contratación pública del Principado.
Se podrá estar de acuerdo o no con Cascos, pero de lo que no hay duda es de que sus intervenciones públicas no guardan ningún paralelismo con las del resto de candidatos. Ni en el fondo ni en la forma; ni en las argumentaciones ni en las conclusiones. Puede que algunos de ellos se reserven para la campaña electoral, pero entonces habrá que concluir que dieron por perdida la precampaña. Entre unos y otros están dejando un enorme hueco que ocupa el líder de Foro Asturias. Que los líderes de los grupos pequeños jueguen deliberadamente otro papel es entendible, pero que los dos grandes partidos no se den por aludidos es tan absurdo como peligroso para sus intereses. Todavía no hubo otro candidato electoral que se pusiera ante un micrófono para seguir la fórmula clásica de la trama: planteamiento, nudo y desenlace. La importancia de los argumentos no se suple diciendo que “nosotros vamos a dar más subvenciones a las empresas” o “nosotros construimos más kilómetros de autovía”. Los argumentos no se rebaten con vallas de autopista ni empapelando las cabinas telefónicas con la palabra “confianza”. El discurso de los candidatos/ as no puede ser la fotocopia de un manual de autoayuda. Tras treinta años de democracia el ciudadano no es tan simple.
Sabedor del público que lo estaba escuchando en el auditorio, Cascos empezó por la cultura y luego fue a los datos económicos. Sobre la cultura oímos muchos discursos llenos de planes, cifras y calendarios, pero hacía falta escuchar a alguien que supiera de lo que estaba hablando. Sin querencia hacia la cultura, fracasa la gestión cultural. El ex ministro lanzó el guante, a ver quién lo recoge.