En Avilés, Jesús Caldera incidió en la estrategia electoral socialista: meter miedo al personal con la llegada de Rajoy al Gobierno. El ex ministro de Trabajo de Zapatero señaló que el futuro Gobierno del PP recortará las pensiones y el seguro de desempleo. ¿Por qué nombró estos capítulos del gasto? No hay duda, porque son los más sensibles socialmente. Se puede recortar dinero a todos los colectivos, pero los desempleados y los ancianos deben quedar exentos del ajuste. Caldera repite la estrategia llevada a cabo por los socialistas en las elecciones generales del mes de marzo de 1996, en las que el PSOE anunció que Aznar recortaría las pensiones. No hay ningún dato que dé licencia para pensar que el PP dará un tratamiento distinto a otros partidos en materia de subvención al desempleo y a pensiones, pero todos los líderes socialistas repiten machaconamente el mismo discurso. En estos momentos, recortar dinero en las pensiones y en la cobertura al desempleo supone dañar directamente a 14 millones de personas, a los que habría que sumar sus familiares. Más de la mitad del censo electoral quedaría afectado por esas medidas. Es difícil pensar que el PP, u otro partido, tengan esas propuestas en la agenda.
La campaña electoral se desarrolla en torno al argumento de los recortes sociales, que era el asunto escogido por Rubalcaba para dar la vuelta a las encuestas. Es muy curiosa la mentalidad de la clase política y de gran parte de la sociedad española. Todo el mundo señala que el principal problema español es el paro. Sin embargo, la discusión no se centra en la creación de empleo, sino en la aplicación de paliativos para el desempleado. Los presupuestos siguen la tónica general y dedican los recursos a dar prestaciones sociales. Pagamos impuestos para el desempleo, la Sanidad, la Educación, la Dependencia y los intereses de la deuda. Sin embargo, todos los capítulos que apoyan la creación de empleo sufren recortes, empezando por el dinero dedicado a Innovación y Desarrollo y siguiendo por la construcción de infraestructuras.
Caldera habla de cambiar el modelo productivo, del ladrillo a la economía del conocimiento. El ladrillo le dio muchas alegrías a Aznar, a Zapatero, y a muchos millones de españoles. Hablar en abstracto de cambio de modelo es caer en planteamientos académicos, cuando lo que hace falta son iniciativas políticas.