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Juan Neira

LARGO DE CAFE

LA GRAN PRIORIDAD SOCIAL

La conmemoración del 14 aniversario del atentado del 11-M, el más desbastador de los ejecutados en Europa occidental desde la segunda guerra mundial, ha tenido el rigor y la seriedad de todas las anteriores. Es reconfortante para la sociedad que el amplio abanico de fuerzas políticas, que van desde el PP hasta Podemos, esté presente en estos actos.

Sigue siendo importante repetir que los partidos democráticos sólo tienen palabras de rechazo para los grupos terroristas de cualquier signo, y que no hay posible justificación, basada en razones religiosas, étnicas, sociales o políticas, que permitan asomarnos a la lógica de los asesinos. El fin más loable que quepa imaginar se desvanece si para lograrlo se usa cualquier tipo de violencia y, más aún, si se trata de una matanza indiscriminada. Las 193 víctimas del 11-M eran desconocidas para los terroristas. Tanto les valían ellas como los viajeros de cualquier tren de cercanías de Madrid. Si hubiera estado en su mano, la matanza hubiera sido mucho más amplia, con el objetivo de causar el mayor daño posible a la sociedad.

Si se tiene en cuenta todo esto, no se puede entrar en matices a la hora de valorar las masacres. Lo ideal sería que todos los líderes políticos tuvieran siempre un mismo discurso ante el fenómeno terrorista. En esta materia, la pluralidad de opiniones debilita al Estado y produce desconcierto en la sociedad.

La experiencia indica que sobre los atentados solo se reflexiona durante los días siguientes a ser perpetrados. En esa coyuntura, los mensajes suelen oscilar entre la solidaridad con las víctimas y el rechazo rotundo a la barbarie. Cuando hablan los portavoces de los gobiernos se añade un tercer contenido: los asesinos pagarán caros sus actos.

Ahora bien, cuando el paso del tiempo marca distancia con los atentados, lo más importante es la prevención de las actuaciones violentas y la represión del terrorismo. Los atentados del pasado 17 de agosto en Cataluña muestran que la planta del terrorismo yihadista sigue creciendo. Pueden ser muy torpes, tener escasos conocimientos del material con el que operan, o estar mal organizados. No importa. Si pensamos que desean matar a ciudades enteras, comprenderemos que la amenaza es más grande que cualquier otra que hayamos tenido en el pasado. Todos los medios que se destinen a la represión del terrorismo son pocos. El consenso de la clase política debe servir para hacer de la política antiterrorista la primera prioridad.

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por JUAN NEIRA

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