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Juan Neira

LARGO DE CAFE

EL ENROQUE SOCIALISTA

Por una mayoría cualificada de la Junta General del Principado, más de dos tercios de los diputados de la Cámara, el síndico mayor, Avelino Viejo, ha sido reprobado y se le ha exigido su renuncia por empañar el buen nombre de la institución que preside. Los cinco grupos de la oposición, desde los más cercanos al Gobierno hasta los más alejados, han respaldado la iniciativa de Podemos. El PSOE ha quedado solo en la defensa de Avelino Viejo, un hombre con una larga lista de servicios prestados al partido, como concejal socialista en el Ayuntamiento de Oviedo y consejero de Hacienda en los gobiernos socialistas presididos por Juan Luis Rodríguez-Vigil y Antonio Trevín. Al portavoz socialista, Marcelino Marcos, le tocó el papelón de defender la actuación de Avelino Viejo y utilizó la táctica de señalar defectos ajenos para tapar las miserias propias, sacando a relucir los métodos que utiliza el Tribunal de Cuentas para reclutar el personal, un tema sobre el que tiene un gran poder de decisión el Parlamento asturiano, como todo el mundo sabe.

Marcelino Marcos criticó a la oposición por hacer un uso político y partidista del órgano, algo propio de irresponsables. Si el portavoz socialista se mirara al espejo, vería que es su grupo el que hace uso político y partidista blindando al síndico mayor.

El Gobierno y el grupo parlamentario socialista se han enrocado. No les importa lo que diga una mayoría abrumadora de diputados. Los mismos dirigentes socialistas que tuvieron mucho interés en elegir a los síndicos por consenso, previa negociación reservada con otros grupos, estén dispuestos a mantener a Viejo atado al palo mayor de la Sindicatura, pese a que el resto de grupos ven obligada su renuncia. Es preferible que la institución se degrade y se extienda la desconfianza hacia sus métodos de trabajo que aceptar la pérdida de poder sobre ella. Este es el fondo de la cuestión. La Sindicatura de Cuentas nunca respondió a sus estatutos de organización y funcionamiento, porque fue desde el primer minuto un órgano dominado por los partidos, siendo sus principales figuras ex destacados dirigentes y ex cargos públicos de los partidos mayoritarios.

Avelino Viejo se mantendrá en el cargo si quiere Javier Fernández. En caso contrario no durará ni un día. Al igual que Cifuentes solo seguirá en la poltrona si quiere Rajoy. Aunque sean puestos de distinta naturaleza, los dos dependen de quién los promocionó al cargo. De ahí vienen todos los vicios.

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por JUAN NEIRA

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