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Juan Neira

LARGO DE CAFE

DOS GANAN, ASTURIAS PIERDE

La victoria por la mínima de Soraya Sáenz de Santamaría sobre Pablo Casado muestra que en las primarias del PP se ha producido un movimiento que ya habíamos conocido en el PSOE: los afiliados votan en contra del aparato del partido. Por eso Borrell ganó a Almunia, Zapatero a Bono y Sánchez a Susana Díaz. Tras la huida de Mariano Rajoy, la sede de Génova, el gobierno del partido, quedó en manos de los colaboradores de Dolores de Cospedal. Aunque formalmente dimitió del puesto de secretaria general para poder competir en las urnas, el rostro del aparato siguió siendo el de Cospedal. Las bases del partido, educadas en la obediencia a la jerarquía, se soltaron la coleta y la dejaron fuera de la gran final entre los dos primeros candidatos que se dirimirá en el congreso de los días 20 y 21.

La organización asturiana del PP vuelve a quedar descolocada en el momento en que el partido se renueva tras quince años de marianismo. En las urnas de la región, De Cospedal arrasó, rozando el 50% de los votos, veinte puntos por encima de Santamaría y treinta puntos por delante de Casado. Se ve que el aparato de Mercedes Fernández había aleccionado bien a los afiliados. Las directrices tuvieron que ser muy precisas para que los asturianos del PP hayan votado de una forma tan distinta al resto de afiliados de otras regiones, con la excepción de Galicia y Castilla-La Mancha. El antagonismo visceral entre Santamaría y De Cospedal sitúa a la derecha asturiana en la oposición al nuevo poder central del partido. Un hecho muy relevante que puede tener influencia en la composición de la candidatura autonómica.

Pablo Casado encarna el relevo generacional, la ocasión de pasar página; era el candidato que más preocupaba a Ciudadanos. Estuvo a punto de lograr un resultado histórico, pero el voto andaluz volvió a ser decisivo favoreciendo a Santamaría que representa la opción segura. La ‘vice’ sería hoy presidenta del Gobierno de España si Rajoy hubiera dimitido. Pura ilusión, Rajoy solo se hace favores a sí mismo.

Las normas del PP conforman un escenario perverso al poner en manos de los compromisarios del congreso (520 son natos) la decisión de elegir presidente después de haber votado los afiliados. En cualquier organización democrática ningún poder se puede alzar por encima del voto de la militancia. Si De Cospedal da orden a sus compromisarios de votar en el congreso del PP a favor de Pablo Casado, lo que era un panorama teórico se habrá convertido en realidad.

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por JUAN NEIRA

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