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Juan Neira

LARGO DE CAFE

LA LEGITIMIDAD DEL LÍDER

Hay que dar la enhorabuena al PP por haber asumido el sistema de elecciones primarias para elegir a los principales cargos del partido que encabezarán, luego, las listas de representantes en las instituciones.

No fue un camino fácil. Hace quince años, Aznar citaba en su despacho a Rajoy, Rato y Mayor Oreja para hacerles saber que en su cuaderno azul aparecía el nombre del primero para sucederle. Ni votaciones secretas ni bolas blancas o negras, el oráculo le había iluminado al presidente para elegir al hombre adecuado.

Mariano Rajoy perdió dos veces en las urnas frente a Zapatero, pero, al final, obtuvo la votación más alta que un partido de derechas logró nunca en España y gobernó seis años y medio hasta que una mayoría variopinta de rechazo lo devolvió a su condición natural de titular de una oficina del Registro de la Propiedad.

Simulacro

Las primarias se acordaron en el último congreso del PP (febrero de 2017), y se pusieron en marcha en congresos locales y regionales, pero no fueron primarias propiamente dichas, sino un simulacro. El uso y abuso del aparato a favor del candidato oficial de turno superó los límites mínimos exigibles para aceptar que se trataba de una competencia democrática.

La apropiación del censo de afiliados, la imposibilidad de hacer envíos a los militantes, el número de avales exigidos o la presión sobre la militancia hizo que las primarias, como tal, se convirtieran en una farsa. El que tenga dudas que le pregunte, por ejemplo, a Carmen Maniega, que tiene una aleccionadora experiencia en la materia.

En algunos ayuntamientos asturianos se pedía un número de avales para ser candidato a presidente de la organización municipal del PP que quintuplicaba el exigido a Soraya Sáenz de Santamaría, Pablo Casado o Dolores de Cospedal para ser candidatos a presidir el PP a nivel nacional. Por eso podemos decir que el 5 de julio es la fecha que marca el rito de iniciación del PP en la elección democrática de sus dirigentes.

Como todo es susceptible de perfeccionamiento, el PP debe aún mejorar algunos asuntos que pueden parecer anecdóticos, pero no lo son, como pedir a los afiliados que escriban el nombre del candidato elegido, en vez de tener ya papeletas preparadas en cabinas electorales que solo hace falta doblar e introducir en sobre.

El hecho de que mucha gente haya optado por poner, ‘Cospe’, ‘Soraya’ o ‘Pablo’ fue un subterfugio para evitar que leyeran los trazos que marcaban en las papeletas. Sobres, papeletas con nombres y cabinas constituyen un instrumental obligado para votar en libertad.

Territorios

Una batalla política a dar en torno a las primarias es acabar con el papel de rebaño que atribuye el aparato a los afiliados de base. Me explico. En las primarias del pasado día 5, desde las direcciones regionales se intentó orientar el voto de forma que todos los miembros de una organización regional votaran al mismo candidato.

Alberto Núñez Feijóo, nada más renunciar a presentarse como candidato, dijo públicamente que, en su opinión, toda Galicia debía votar a un candidato. Quedé estupefacto al leerlo. Resulta que no votan los ciudadanos, sino los territorios. Si se implanta ese modelo, no es descartable que un día Quim Torra se afilie al PP.

Que un 50% de la militancia asturiana haya votado a Dolores de Cospedal da que pensar sobre la influencia ejercida en los electores, sobre todo si descendemos al detalle y vemos que en Aller (Teresa Mallada) Cospedal se quedó en cero y Sáenz de Santamaría en 49, o en Oviedo (feudo del PP de Gabino de Lorenzo e Iglesias Caunedo), donde la vicepresidenta triplicó los sufragios de Cospedal, mientras que en Gijón (cuna de la presidenta regional, Mercedes Fernández) Cospedal obtuvo seis veces más de sufragios que Sáenz de Santamaría. Hay que sacudirse el yugo de los caciques autonómicos y los mandamases municipales y votar siguiendo las personales valoraciones de cada uno. No se vota como asturiano, gijonés u ovetense, sino como ciudadano concreto con su paralaje de miras particular.

Televisión

El problema que tiene el PP tras las primarias al dejar en manos de los compromisarios la elección del presidente carece de arreglo. Si se sustancia el pacto entre Pablo Casado y Dolores de Cospedal (los enemigos de mis enemigos son mis amigos) puede darse la paradójica circunstancia de que salga elegido presidente Casado, en el congreso del partido, pese a perder en las primarias con Sáenz de Santamaría. Las elites rectificando el veredicto del pueblo llano. Un disparate que crea una dualidad de legitimidades, el presidente de los cuadros del partido frente a la presidenta de las bases del PP.

En el tiempo que resta para el congreso es preciso que se haga un esfuerzo de clarificación de las posturas de los dos candidatos, y para ello es obligado hacer un largo debate televisado. Sin introducir el principio de contradicción entre ambos no hay comparanza posible. La elección queda reducida a pura interpretación semiológica.

En el debate hay que abordar la tan mentada refundación del centroderecha, la estrategia ante el desafío independentista o cómo se van a pagar las pensiones. Sin televisión, la competencia deviene en tongo, apaño o engaño.

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por JUAN NEIRA

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