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Juan Neira

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GANADOR Y PERDEDORES

La victoria de Pablo Casado en el congreso significa que el Partido Popular ha optado por la renovación desechando el continuismo que suponía la alternativa encarnada por Soraya Sáenz de Santamaría.

La renovación, versión Casado, implica el relevo generacional, con un presidente que tiene 37 años, muy lejos de la edad media que tenía el estado mayor que rodeaba a Mariano Rajoy. De los cuatro grandes partidos, el PP era el único que no había abordado la operación de rejuvenecimiento y ahora pasa a ser el que tiene el líder más joven dentro del cuarteto formado por tres treintañeros (Iglesias, Rivera y Casado) y un cuarentón (Pedro Sánchez).

La renovación implica un cambio de personas y de ideas. Pronto se conocerán los nombres de los principales cargos del equipo de dirección, empezando por el secretario general del partido, aunque ya se puede garantizar que al grupo de jóvenes –Javier Maroto, Andrea Levy– le tocará asumir mayores cotas de responsabilidad.

En el discurso ante el plenario del congreso, Pablo Casado ya avanzó algunas propuestas concretas que derivan del ideario que desea impulsar; no obstante, el cambio con respecto al liderazgo de Mariano Rajoy será fundamentalmente de estilo y estrategia.

En vez de cultivar el silencio, como hacía Rajoy, convencido de que el paso del tiempo borra los males y barre las polémicas, Casado va a entrar al debate desde posiciones nítidamente ideológicas y políticas, sin recurrir a los datos económicos que utilizaba su predecesor vinieran a cuento o no.

Contexto

¿Por qué ganó Casado? No estaba entre los potenciales sucesores de Rajoy. En circunstancias normales, la sucesión del político gallego habría sido pilotada por él mismo, aunque el PP hubiese introducido en sus estatutos el mecanismo de las primarias. Rajoy hubiera decidido entre Núñez Feijóo, Sáenz de Santamaría o Dolores de Cospedal. Pablo Casado es el presidente porque se dieron unas circunstancias extraordinarias. Cuando el Gobierno del PP parecía que ya había ganado la estabilidad hasta el final del mandato, con la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, llegó la inesperada moción de censura que los desalojó del poder.

Tenía que ocurrir otro hecho para que Casado pudiera tirarse como un espontáneo al ruedo en pos de una faena apoteósica: el abandono voluntario de Rajoy de sus responsabilidades en el partido y la rauda huida hacia la oficina del registro de propiedad de Santa Pola, desentendiéndose de todo lo que tenga que ver con la política.

En un ambiente de derrota, vacío de poder y desorientación generalizada, la opción de continuismo, encarnada en Sáenz de Santamaría, no podía prosperar. La salida traumática, insólita y malhumorada de Rajoy cerraba las puertas al ‘marianismo’.

Los compromisarios del congreso fueron sensibles a la llamada de Casado al rearme ideológico y a combatir al independentismo sobre bases más firmes que la versión descafeinada del artículo 155 elegida por Rajoy y Sáenz de Santamaría.

La alianza de un grupo heterogéneo de fuerzas políticas con el único objetivo de echar al PP del Gobierno despertó una lógica reacción entre la gente del PP en defensa del partido y de sus valores, de la que se benefició el discurso de Casado.

Damnificados

Como es obvio, la victoria de Casado es la derrota de Sáenz de Santamaría. Hay otros perdedores. A Rajoy le tocará asistir como espectador a la revisión de su mandato, sobre todo en lo tocante a la política catalana, y a la recuperación y puesta en valor de la figura de Aznar y su legado.

Para Albert Rivera tampoco es una buena noticia la victoria de Casado, ya que le va a disputar el territorio del centroderecha un líder que tiene una imagen y una forma de comunicar muy parecida a la suya, y tan inflexible como él con los nacionalismos y la unidad de España.

Pedro Sánchez va a sentirse cómodo en la discusión ideológica, en la que la izquierda española se desenvolvió mejor que la derecha hasta el presente. Ahora bien, ante los fallos de su gobierno, o las concesiones a los nacionalistas, tendrá un crítico más implacable.

Pablo Iglesias y los líderes nacionalistas no verán alterada su posición ni su discurso, porque la equivalencia entre el franquismo y el PP ya es un clásico en su relato desde hace años.

‘Cherines’

El PP asturiano no tiene motivos para la alegría. Mercedes Fernández se olvidó de las fidelidades guardadas ante las primarias, cuando la mitad del PP regional votó a Cospedal y fio la suerte de la organización, y la suya propia, a su olfato político dando apoyo público a Sáenz de Santamaría, verdadera bestia negra de la que había sido siempre su madrina en el partido, Dolores de Cospedal. Conclusión: quedó mal con Sáenz de Santamaría en las primarias, mal con Cospedal en el congreso del PP, y mal con Pablo Casado en las primarias y en el congreso. Es imposible pisar más charcos.

Es muy pronto para saber si la falta de sintonía con la nueva dirección del PP influirá en la composición de la candidatura autonómica. Lo cierto es que el PP asturiano vivió siempre a expensas de Madrid. No tiene nada que ver con el PP de Galicia o el de Castilla y León. Aquí siempre fueron un grupo de oposición protegido por el primo de Zumosol. Y se acaban de quedar sin primo.

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por JUAN NEIRA

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