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Juan Neira

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EL PLAZO DE PABLO CASADO

La sesión parlamentaria del pasado viernes en el Congreso de los Diputados fue la más importante –y reveladora– desde la moción de censura a Mariano Rajoy. El orden del día señalaba que no era una sesión para gestos, sino para aprobar o rechazar los cimientos del pretendido bienio de Pedro Sánchez: incremento del techo de gasto de los Presupuestos Generales del Estado para 2019 y aumento del límite de déficit para las administraciones (central, comunidades autónomas, ayuntamientos y Seguridad Social).

En definitiva, el Gobierno pedía autorización para establecer las líneas maestras que van a tener las cuentas del Estado y la senda de consolidación fiscal.

El marcador electrónico registró un resultado que no deja resquicio para la duda: a favor de la propuesta del Gobierno 88 votos, en contra 173. Fuera del grupo parlamentario socialista, solo cuatro diputados nacionalistas vascos respaldaron al Gobierno. El resto dijo que no o se abstuvo.

Pedro Sánchez pedía licencia para aumentar el déficit. Las comunidades autónomas recibirían 2.500 millones. Tras el fracaso, los socialistas afirmaron que los gobiernos regionales van a «perder 2.500 millones». En realidad, habría que decir que los ciudadanos ganamos, porque ese dinero computaría como deuda que pagaríamos, año tras año, con nuestros impuestos, en forma de intereses y amortizaciones. Es oportuno recordar que en Asturias, una de las comunidades menos endeudadas, la deuda origina el tercer mayor desembolso del Principado, por detrás de la Sanidad y la Educación.

Revés parlamentario

En cuanto al techo de gasto, el Gobierno socialista lo había elevado en el 4,4% con respecto al último presupuesto de Rajoy. Por esa vía se pretendía que el conjunto de las administraciones públicas tuvieran un dinero extra de 6.000 millones para gastar. No será posible.

La estrategia presupuestaria de Pedro Sánchez ha quedado hecha trizas. Puede volver el mes que viene a la carga, pero el problema tiene difícil solución: Unidos Podemos y los nacionalistas se abstienen porque quieren el doble de déficit y el centroderecha pide reducir gastos. A todo ello hay que añadir dificultades técnicas, como es el hecho de que la reforma de la Ley de Estabilidad Presupuestaria obliga a aprobar estas cuestiones por mayoría absoluta del Congreso y el Senado, algo que no está al alcance del Gobierno sin acometer reformas legales.

Tras dos meses de gestos, nos hemos encontrado con que los cimientos del mandato de Sánchez son de barro, al sentirse desasistido por la mayoría parlamentaria que le secundó para derribar a Rajoy. En esas condiciones, resulta un ‘desiderátum’ hablar del bienio de Sánchez. La cuenta atrás para la convocatoria electoral ha empezado y, curiosamente, coge a toda la oposición en peor situación que al PSOE.

En especial, al PP que está en tiempo de mudanzas: líder, discurso, estrategia, valores, reconstrucciones. Pablo Casado debe darse mucha prisa si no quiere pagar los platos rotos de Rajoy. No tiene margen para sufrir duras derrotas, ya que a diferencia de sus predecesores tiene una oposición formalmente constituida en el interior del partido, con Soraya Sáenz de Santamaría como cabeza de la misma.

Valores

Pablo Casado, tan sonriente, con esa cara de buen chaval que no admite comparación en todo el arco parlamentario, se lanzó a la piscina de las primarias con dos asuntos engorrosos que mejor debería haber dejado para que se explayara sobre ellos algún líder inmarcesible de la derecha española que ya no cotiza en las urnas. A saber, los valores y la reconstrucción del centroderecha.

No creo que la derecha o el centroderecha necesiten poner en la agenda política la interrupción voluntaria del embarazo para ganar las elecciones a la izquierda. Sobre esta cuestión hay tantas corrientes de opinión como militantes. Y hay muchos absentistas.

En la sociedad moderna los conflictos de conciencia no se remedian tachando uno de los enunciados, sino llegando a compromisos. Por eso somos capaces de tener, simultáneamente, normas contra el cambio climático e industrias contaminantes. No es una cuestión de hipocresía, sino de acuerdos, de concesiones, de autolimitaciones. La sociedad moderna renunció a las verdades intocables para alcanzar el preciado bien de la convivencia pacífica.

Casado se plantea reconstruir el centroderecha, cuando solo se le pide ganar elecciones y aplicar el programa electoral. Esta última parte es la que olvidó Rajoy. La dirección del PP debe dejar de ver a Ciudadanos con mirada crítica y aceptarlo como un agente más del panorama político. Nada de formulaciones teóricas: en cada situación concreta, negociación parlamentaria entre ambos.

El PP perdió tres millones de votos por cuatro razones: la debilidad ante el independentismo, pasándole la patata caliente a jueces y fiscales; la laxitud con la corrupción; el temor a aplicar reformas (la excepción fue la reforma laboral); y las subidas de impuestos. En esos cuatro asuntos debe poner toda la energía Casado.

Para triunfar en esa tarea, Pedro Sánchez le va a conceder un plazo de escasos meses. Lo que le reste por hacer tendrá que confiarlo a su permanente sonrisa con la que puede convertir a los electores en amigos.

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