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Juan Neira

LARGO DE CAFE

CAMBIAR EL MODELO DE NEGOCIACIÓN

El rechazo parlamentario a las propuestas del Gobierno sobre el techo de gasto, la consolidación fiscal o la deuda ha traído consecuencias negativas para comunidades autónomas y ayuntamientos. Los gobiernos regionales ya soñaban con dejar el déficit público en el 0,3%, lo que significaba decenas de millones para gastar, en el caso de Asturias, y cientos de millones, en el caso de Andalucía. En un año electoral, el crecimiento del gasto va acompañado del aumento de votos, así que por eso los presidentes autonómicos recibieron con evidente irritación la vuelta a las previsiones macroeconómicas del Ejecutivo de Rajoy, con un déficit público del 0,1%. Por su parte los ayuntamientos también pensaban que iban a hacer líquido los superávit congelados de los pasados ejercicios, que en el caso de los consistorios asturianos llegan a los 500 millones de euros, mientras que en el conjunto de España se eleva a los 23.000 millones. Ahora hay justificadas dudas de que puedan disponer de «un dinero que es nuestro», como suelen decir los alcaldes.

La austeridad de las administraciones afecta a las personas, grupos, asociaciones y empresas que reciben subvenciones, mientras que al resto nos beneficia porque supone ahorro y disminución de deudas. A ello hay que añadir una constatación general: desde los años ochenta del pasado siglo, los países que tuvieron sus cuentas más equilibradas fueron los que tuvieron menos desempleo. La austeridad no siempre termina en autericidio.

La mayor insatisfacción con el reparto del déficit entre las administraciones proviene de las comunidades autónomas. Los presidentes autonómicos se quejan cada día más de su falta de recursos. En el clamor por un nuevo modelo de financiación coinciden las regiones ricas y las pobres. Antes de que se den pasos concretos en esta materia sería bueno que recapacitemos sobre algunas cuestiones evidentes. Todos los modelos de financiación autonómica tuvieron un carácter provisional. La satisfacción por cualquier modelo, en caso de existir, dura dos o tres años, como mucho. La queja de las regiones siempre se soluciona poniendo más dinero el Estado. En la última revisión, la ministra de Hacienda, Elena Salgado, incrementó la transferencia de dinero en 11.000 millones. Las regiones cada vez tienen una participación mayor en la recaudación de los tributos del Estado (la mitad del IVA o del IRPF). ¿Hay que cambiar el modelo de financiación o el modelo de negociación?

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por JUAN NEIRA

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