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Juan Neira

LARGO DE CAFE

RESOLVER O APLAZAR

El primer aniversario del referéndum del 1 de octubre estaba señalado desde hace muchos meses en el calendario del independentismo irredento. Constituía un buen motivo para tomar aire y lanzarse a la conquista de la republicana catalana, tras meses de mucho lazo amarillo y poca sustancia. El inefable Quim Torra declaró este verano que habría un otoño caliente en Cataluña, así que cabe suponer que la conmemoración de la consulta estaba diseñada para convertirla en una jornada de lucha que permitiera revivir las emociones del 1-O. Volver a las prístinas esencias de esa república que duró el tiempo que llevó a sus promotores cantar, «Cataluña, triunfante, ¡volverá a ser rica y plena!» El propio presidente de la Generalitat arengó a los Comités de Defensa de la República («presionad, hacéis bien en presionar»).

Quim Torra fue puesto en el cargo por el ínclito Carlos Puigdemont gracias a su ganada fama de hombre sin contradicciones, fanático de la independencia. Un tipo simple, unidimensional, dispuesto a recibir órdenes de su mentor y de la calle. Con el paso del tiempo se vio que encarnaba el tipo de Presidencia vacía que se justifica con viajes a Bruselas y bravatas ante los micrófonos. Cualquier cosa menos un líder carismático.

Bastó que en vísperas del aniversario los Mossos d’Esquadra cargaran contra la infantería del independentismo para que esta se volviera en su contra. El escenario del aniversario fue una suma de imágenes contradictorias, con Quim Torra recordando sesgadamente lo que ocurrió aquel día, mientras los CDR demandaban su dimisión y el grueso de los manifestantes independentistas coreaba un eslogan tautológico: ni olvido ni perdón. No perdonan los que no olvidan y no olvidan los que no perdonan. Les sobraba sitio en la pancarta para llenarla con otro verso.

El aniversario ha servido para comprobar lo degradada que está la situación en Cataluña: el Parlamento pasa meses sin celebrar plenos, el Gobierno no gestiona, la legalidad no se respeta y la protesta de la calle carece de norte.

José Luis Ábalos, uno de los escasos políticos del Gobierno, dijo que la jornada transcurrió de una forma asumible. Eso depende de las tragaderas de cada uno. Creo que los constitucionalistas dejaron el trabajo a medio hacer y ahora hay dos caminos: retomar el camino o desandarlo indultando a los cabecillas de la revuelta, haciendo más concesiones de todo tipo y aplazando la disputa unos años. Resolver o aplazar.

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por JUAN NEIRA

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