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Juan Neira

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EMBROLLO DE CUENTAS

El Gobierno envió a Bruselas el proyecto de Presupuestos Generales del Estado de 2019. A la Comisión Europea le interesan las grandes cifras: deuda, déficit público, crecimiento, empleo, etcétera, aunque en las entrevistas con el Gobierno español, seguro que los representantes de la Comisión se interesan por la subida de impuestos, la revaloración de las pensiones o la fuerte subida del salario mínimo. Estamos en una situación política y presupuestaria un tanto especial, con un primer semestre gestionado por el Gobierno de Rajoy y el segundo gobernado por Pedro Sánchez. Rajoy hizo unas previsiones moderadas para 2019, elevando el techo de déficit público al 1,3% sobre el PIB, mientras que Sánchez logró que los burócratas de Bruselas aceptaran aumentar el desequilibrio entre gastos e ingresos hasta el 1,8%. Hubiera sido interesante conocer la razón por la cual el comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, le dio al Gobierno socialista un margen más amplio para gastar cuando España es el socio europeo con mayor déficit público. Todo ello en un momento en que el Gobierno socialista tiene como socio a Podemos, que es un partido que ve el déficit y la deuda como rasgos positivos de la gestión presupuestaria. Los sectores más radicales de la izquierda siempre entienden las necesidades sociales como un cheque en blanco para endeudarse. Al final, los intereses de la deuda obligan a hacer mayores recortes sociales. El camino recorrido por Grecia en los últimos cinco años es muy aleccionador sobre el particular.

El Gobierno socialista recibió el primer varapalo en el Congreso de los Diputados cuando presentó sus previsiones presupuestarias para 2019. Bruselas había dado luz verde a la senda fiscal presentada por el Ejecutivo de Pedro Sánchez, pero la Cámara baja rechazó sus pretensiones. En consecuencia, la única referencia válida como techo de gasto o déficit público es la que realizó Rajoy y aceptó la Comisión Europea. Sin embargo, el Gobierno socialista manda ahora a Bruselas unas previsiones presupuestarias realizadas en concordancia con el déficit que habían negociado en el mes de junio con Moscovici. No entiendo cómo se puede dar validez a unos ratios presupuestarios que el Parlamento español no dio de paso. De este embrollo nos pueden sacar los diputados independentistas votando en contra del proyecto de cuentas del Gobierno, lo que llevaría automáticamente a dar por prorrogados los presupuestos de 2918.

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por JUAN NEIRA

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