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Juan Neira

LARGO DE CAFE

LAS LÍNEAS MORADAS

La sorpresa en los presupuestos del Principado de 2019 no está en las cifras –muy similares a las de anteriores ejercicios y sin cambiar la tendencia–, sino en los socios que acompañan al Gobierno.

Cuando faltan cuatro meses para terminar la legislatura se ha producido, por primera vez, el tres en raya de la izquierda: PSOE, Podemos e IU apoyan las mismas partidas presupuestarias. La conjunción de los astros tuvo lugar porque Podemos se alió con el Gobierno socialista que con tanto tesón, como poca fortuna, había combatido a lo largo del mandato.

En una primera reflexión sobre la decisión de Podemos destaca lo extemporáneo de la pirueta parlamentaria. El tratamiento habitual que dan las oposiciones a los gobiernos sigue la pauta de la progresividad: cien días primeros de gracia, para ir elevando el tono de la crítica hasta acabar el mandato entre alusiones a mociones de censura y petición de elecciones. Esa es la táctica estándar.

Podemos hace lo contrario, empieza el mandato con gruesas alusiones a la corrupción y termina con una negociación de presupuestos de cartón piedra, en la que pide un gesto al Gobierno para poder vestir el cambio de bando.

Prueba de todo ello es que en la última sesión negociadora dieron el visto bueno al presupuesto tras conceder los socialistas una rebaja adicional del 5% en el precio de las matrículas universitarias. Con el 20% de rebaja se mostraban indecisos, pero al asegurarse el 25% de descuento, dieron el visto bueno para formar el tripartito.

Los ciudadanos que hayan seguido las negociaciones en Asturias a lo largo de los últimos treinta años (excluyo el primer mandato de Pedro de Silva porque contaba con una mayoría absoluta de escaños socialistas) se habrán percatado de que la gran mayoría de las reivindicaciones de la oposición fueron recibidas con indiferencia social.

Bandera

Una excepción a la regla fue la propuesta de Podemos, el pasado año, de declarar gratuito el acceso a la primera etapa de Educación Infantil, cero-tres años. Podemos convirtió su reivindicación en bandera del partido ante la buena acogida que tuvo en la sociedad.

Durante la negociación de los presupuestos, en noviembre de 2017, Podemos exigió que el Principado debería asegurar, por lo menos, la gratuidad de los niños ya matriculados, lo que costaba unos dos millones de euros. La negativa del Gobierno socialista dio paso al rechazo de Podemos a los presupuestos de 2018. Convertir en universal y gratuito el acceso a la red de escuelas infantiles pasó a ser, desde entonces, una línea morada de los podemitas. La frontera que separaba su territorio del Gobierno socialista.

Quién les iba a decir que un año más tarde serían ellos los primeros en borrar la marca y dar por bueno el tratamiento socialista a la educación de cero a tres.

Debilidad

Cuando un grupo de la oposición está tres años presentando enmiendas a la totalidad del presupuesto y en los últimos meses da su apoyo a un proyecto de cuentas sustancialmente igual que los anteriores, lo que está haciendo –quizás sin darse cuenta– es presentar una enmienda a la totalidad de su propia labor de oposición a lo largo del mandato. Muy mal negocio de cara a las elecciones.

El cambio de postura va ligado a la debilidad de los partidos jóvenes, con verbo encendido pero escasa solidez interna. Tras la inexplicada dimisión de su portavoz y candidato a la Presidencia, Emilio León, el grupo parlamentario de Podemos no estaba para muchos viajes. La crítica socialista hizo mella en Podemos que prefirió sacar bandera blanca a mantener la tensión hasta las elecciones.

El mismo error de bulto cometió Pablo Iglesias en su labor de líder opositor. Veamos. En marzo de 2016, cuando Pedro Sánchez trató de ser investido presidente con el apoyo de Ciudadanos, Podemos votó en contra, coincidiendo en la negativa con el PP. El PSOE se lanzó a la yugular, con el argumento de haber impedido un gobierno de progreso haciendo la pinza con el PP. Curiosamente, siete meses más tarde, fue la gestora socialista la que permitió la investidura de Rajoy. Para entonces, Iglesias ya había interiorizado la culpa.

Por eso cuando Pedro Sánchez presentó la moción de censura –junio de 2018–, Iglesias no se sintió con fuerza para exigir la participación en el gobierno. Le dio un cheque en blanco a Sánchez. Dentro de unos meses, cuando haya elecciones generales, Iglesias se preguntará perplejo, como Manolo Escobar, quién le robó veinte escaños.

Las cifras

El tripartito, PSOE-Podemos-IU, ha aprobado un presupuesto que etiquetan de «progresista», cuando repite los vicios de todos los años: la inversión se reduce el 67% de lo que era diez años atrás, el sistema de bienestar aumenta, pero menos que el gasto corriente, en general, y que el gasto de personal, en particular, y la deuda sigue subiendo escalones.

Como me recuerda un amigo, la economía asturiana perdió en la última década el 7% en valores de mercado; el gasto corriente aumentó casi el 30% (representa el 17% del PIB) y la inversión productiva se desplomó el 75%. Sinteticemos la fórmula del progreso en versión Asturias: expansión del gasto corriente financiado por deuda.

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por JUAN NEIRA

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