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Juan Neira

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LA VOLADURA DEL CENTRO

En un acto celebrado en el Instituto de Estudios Asturianos (Ridea) sobre la Asturias autonómica, con la participación de Álvarez Areces, Antonio Trevín y Rodríguez-Vigil, los tres expresidentes pusieron en valor el consenso. Areces habló de la necesidad de reeditar los consensos que hubo en España hace cuarenta años y Trevín apostó por la conveniencia de acuerdos transversales para que nuestra región progrese. El consenso merece una reflexión.

Para empezar se debe aclarar cuándo el consenso es necesario y cuándo es innecesario o inoportuno para aplicar las políticas correctas. Un ejemplo. Hay un clamor generalizado sobre la necesidad de aprobación de una Ley de Educación por consenso.

Todo el arco político ha formulado mil veces ese mantra que repiten como papagayos los sindicalistas de la educación, asociaciones de madres y padres, novelistas, periodistas, comerciales, etcétera.

Educación

Gracias a la publicación de los informes Pisa, la sociedad sabe que tenemos un sistema de educación manifiestamente mejorable, porque con la mitad de alumnos de antaño salimos peor parados en los controles externos.

Portugal queda por delante y, dentro de España, hay comunidades autónomas como Castilla y León que igualan o superan los resultados de Finlandia. También sabemos algunas cosas por los informes de la OCDE, como que la inversión económica en educación tiene una influencia muy relativa en los resultados escolares, cosa que no ocurre en la sanidad. En educación se puede hacer más con menos. Y menos con más.

Nuestra mediocridad no se debe a la falta de dinero, aunque todo el lobby de la educación fija como prioridad el aumento de recursos. El fracaso de la política educativa (falta de incentivos, gestión hipercentralizada en las consejerías, opaca en los resultados, sesgada por las orientaciones ideológicas, sin una actualización de las competencias, carente de controles reales, y con todas las fuerzas vivas del sistema dispuestas a jurar que el enfermo está sano) no se remedia con dinero y con consenso.

El consenso versará sobre generalidades o vaguedades, ante la diversidad de planteamientos. La educación no mejora con una foto colectiva dándose la mano un montón de notables. Basta con una mayoría parlamentaria estable y que se respeten las reglas del juego.

Acabo de citar el asunto crítico: las reglas del juego. Se saltan las reglas todos los gobiernos cuando al inicio del mandato fijan como prioridad derribar la Ley de Educación aprobada por sus antecesores.

Reglas del juego

El consenso en política no es necesario para tratar temas sectoriales, pero sí para defender los principios de actuación o reglas del sistema.

Este mes tuvimos el mejor ejemplo con los 40 años de la Constitución. Si la Constitución aguanta hoy día los embates de los antisistema (casi 100 diputados) no es por las bondades de su texto sino por la muralla que la protege: aprobada por todo el Parlamento, con contadas excepciones, y ratificada por mayoría abrumadora en las 50 provincias a través de referéndum.

En el año 2015, con la entrada en las instituciones de los nuevos partidos, se produjeron dos novedades: las investiduras presidenciales se volvieron problemáticas, ya que nuestro sistema electoral vale para dar voz a las minorías pero no es ágil para facilitar la formación de gobiernos, y se fue consolidando un nodo de fuerzas antisistema en el corazón del sistema.

La voluntad de los españoles, expresada en las urnas, tiene suficiente energía para sortear ambos problemas: hay una mayoría de fuerzas constitucionalistas para afianzar gobiernos estables y derrotar parlamentariamente a los enemigos de la Constitución, pero para eso hay que romper el tabú de los gobiernos de ideología única.

Si se hubiera optado por gobiernos de concentración (la transversalidad a la que aludía Trevín) desde 2015, ni el separatismo catalán hubiera podido llegar tan lejos ni los izquierdistas de salón podrían condicionar la política española.

Si PP, PSOE y Ciudadanos hubieran antepuesto los intereses de España a la suerte electoral de sus siglas, también se habría podido afrontar los grandes problemas reales: las pensiones, la deuda de las Administraciones, la empleabilidad de los jóvenes, la competitividad de las empresas, la reforma de las universidades, la financiación autonómica, los programas de inversión y desarrollo, etcétera.

El debate sobre la gran coalición se zanjó con la consigna del “no es no”, que dio paso a un gobierno del PSOE apoyado por todos los diputados que quieren abolir la Constitución. Una suma de fuerzas heterogénea convierte en problema los huesos de Franco o la sentencia condenatoria de Companys. Con un revoltijo así, cuando hablan de bilingüismo piensan en las lenguas vernáculas, no en el inglés. Con esos socios en Valencia y Mallorca se arrincona el castellano.

Dejo lo más grave para el final. Los que no permiten la alianza de los partidos constitucionalistas abren la puerta a la política de frentes. Ante la impotencia de millones de españoles, unos líderes políticos insensatos han perpetrado la voladura del centro. Un espacio creado genuinamente por los españoles, hace cuarenta años, para no repetir los errores de otros cuarenta años atrás.

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por JUAN NEIRA

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