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Juan Neira

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EL REARME DEL CENTRODERECHA

Alo largo de la semana se han despejado dos incógnitas de la próxima contienda electoral: Teresa Mallada será la candidata del PP y Juan Vázquez, de Ciudadanos. Ambos alleranos, separados por algo más de veinte años y con intereses comunes, la política y el carbón, una como ingeniera de minas y el otro formando parte del llamado «frente anticarbonero», según la etiqueta que le colgó José Ángel Fernández Villa en su día.

Los dos fueron nominados desde Madrid, por Pablo Casado y Albert Rivera. Las bases del PP y Ciudadanos se enteraron por los periódicos y los respectivos aparatos regionales resultaron contrariados. Mallada fue seleccionada tras valorar las recomendaciones de alguna organización influyente, y Vázquez estuvo apadrinado por un eficaz asesor de empresas que tuvo suficiente ascendiente sobre Rivera como para hacerle descolgar el teléfono y llamar directamente al exrector de la Universidad de Oviedo.

Con Carmen Moriyón, que ganó las elecciones primarias en Foro, e Ignacio Blanco, que repite como cabeza de lista de Vox, queda configurado el cuarteto de candidatos del centro-derecha.

Enseñanzas

Las elecciones andaluzas y la posterior negociación para plasmar el voto de los ciudadanos en las instituciones dejan unas enseñanzas que servirán de guía para el camino que recorrerá el centro-derecha asturiano.

Tres enseñanzas: el centro-derecha está en condiciones de alzarse con la mayoría parlamentaria en Asturias, algo que estaba descartado hasta el recuento de los votos en el sur; se necesita la suma de todos los partidos para alcanzar el poder; hay que ver a Vox, desde ya, como un partido con presencia institucional decisoria.

La fragmentación del voto hace que no sea útil hablar en clave de partido mayoritario y formaciones minoritarias. Evidentemente, habrá uno que tenga más escaños que el resto, pero las diferencias serán pequeñas y, lo que es más importante, el que tenga más diputados quedará tan lejos de la mayoría absoluta que lo mejor es pensar en términos de socios responsables de un proyecto común de integración.

Una diferencia sensible entre el modelo andaluz y el escenario asturiano es el número de partidos que configuran el centro-derecha. Allí hay tres y aquí son cuatro: los tres de Andalucía más Foro.

Con la fórmula del tripartito es fácil dividir los mensajes y ocupar los espacios: un grupo más a la derecha, otro más hacia el centro, y un tercero instalado entre los dos anteriores. Con cuatro se solapan las siglas sobre la misma clientela electoral.

En el caso de que ganara las elecciones el PSOE y lograra gobernar con Podemos e IU, es indiferente que en la oposición haya tres o cuatro partidos de derechas. Pero si la mayoría es del centroderecha, es mucho más difícil coordinar cuatro partidos que tres.

En Andalucía, han optado por un gobierno bipartito con apoyo parlamentario de Vox. No me parece un modelo estable, pero el tiempo dirá. Ahora bien, con cuatro partidos no hay sistema que garantice el equilibrio. Dos partidos fuera del gobierno se convierten en oposición. Los cuatro dentro valían para aquellos gobiernos italianos de Fanfani, Andreotti o Cossiga. En Asturias carecemos de esa cultura florentina de compartir gobiernos. Por estas tierras, ‘manca finezza’.

Tanto Pablo Casado y Teresa Mallada, como Carmen Moriyón y Álvarez-Cascos han hablado de diálogo y negociación. Los dos partidos tienen la experiencia positiva de haber compartido candidatura en las dos últimas elecciones generales.

Lista cremallera

Pablo Casado ha asumido el objetivo marcado por Aznar: la reconstrucción del centroderecha. Hasta 2011, en Asturias, solo estaba el PP a la derecha del PSOE. Rajoy dividió la derecha asturiana eligiendo a PérezEspinosa como candidata al Principado contra el criterio de las bases y los votantes del partido que esperaban el retorno de Álvarez-Cascos.

Lo hizo por un cálculo político personal; temía que Cascos gobernara en el Principado y se convirtiera en un barón autonómico. Con Núñez Feijóo en Galicia podía surgir una peligrosa coalición en el norte. Lo mejor era optar por una discípula de Gabino de Lorenzo y seguir en la oposición en Asturias.

Un día habrá que contar la manera sutil de hacer política de Rajoy en función de sus intereses particulares; la forma maquiavélica de cargarse a Ruiz Gallardón, la manera de neutralizar a Esperanza Aguirre, la estocada a Rato, el distanciamiento de Mayor Oreja, la preferencia por las mujeres en puestos de máximo poder como remedio para evitar sobresaltos. Se delató el día de la censura: al verse perdido, prefirió quedarse a comer, beber y cenar en un bar a someterse al chorreo de críticas parlamentarias.

Pablo Casado sabe que la reconstrucción de la derecha en Asturias pasa por negociar una lista conjunta, PP-Foro, que tenga la aceptación del electorado.

Para ello es imprescindible obviar las mañas de los aparatos y elegir a personas que ya fueron avaladas por las urnas y que no ofrezcan flancos débiles ante el juego mortífero de los dosieres. Una lista cremallera para remendar el roto de Rajoy.

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por JUAN NEIRA

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