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Juan Neira

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LA IZQUIERDA RADICAL EN CRISIS

En las cinco convocatorias electorales del año 2015 se confirmó la dispersión del voto apuntada en las elecciones europeas de 2014, dando paso a un nuevo mapa electoral. Dentro de él voy a centrarme en un espacio político concreto, el construido por los votos que fueron a parar a los partidos que están a la izquierda del PSOE, para ver lo que ha sucedido después.

Por primera vez en la democracia, la ‘izquierda de la izquierda’ obtuvo una fuerte representación institucional. En la Junta General del Principado el número de diputados izquierdistas es tan numeroso como el de los socialistas: 14 de Podemos e IU, frente a 14 del PSOE. En el Congreso de los Diputados, hay 84 escaños socialistas, por 71 de Unidos Podemos.

Al finalizar 2015, el voto masivo había puesto de largo a la izquierda radical y auguraba un futuro inquietante para los socialistas y preocupante para el statu quo ahormado en la transición.

Luego, el curso político conoció acontecimientos favorables para el discurso izquierdista, como la revuelta del independentismo catalán y la extensión del fenómeno del subempleo: cinco millones de trabajadores cobran por debajo del salario mínimo.

Sin embargo, tres años más tarde, de manera imprevista, asistimos a la crisis de la izquierda radical, adelantada por las encuestas y palpable en la división interna.

Los últimos datos sobre la degradación del espacio político creado a la izquierda del PSOE vienen servidos por el abandono de escaños de Íñigo Errejón y Gaspar Llamazares, así como por un rosario de dimisiones (Ramón Espinar) o de anuncios de despedida (Suárez del Fueyo).

El choque de Carmena-Errejón con Pablo Iglesias y el conflicto entre Alberto Garzón y Gaspar Llamazares va a dar paso al cuarteamiento de la representación institucional.

Causas

Los problemas surgen en el núcleo del poder, entre las figuras más relevantes que discrepan sobre alianzas, programas y candidaturas. Preguntémonos por las razones que provocan la crisis de los izquierdistas.

Hay un elemento en la superficie que está a la vista de todos: la personalidad de Pablo Iglesias, su modelo de partido, el tipo de sociedad que ambiciona y el papel que cree que le tiene reservado la historia.

Un señor que tras comprarse una vivienda de lujo rematada con accesorios (lago-piscina, tinajatoilette) propios de un rico hortera somete a la organización a un humillante referéndum para que avale la adquisición, denota una concepción de la política propia de Daniel Ortega. Un líder que se carga a todos los integrantes del grupo fundador de Podemos, siendo todos íntimos amigos suyos, parece una parodia del comunismo de primera hornada. Mientras Podemos no sustituya a su jefe tendrá un déficit de credibilidad.

Pablo Iglesias es un motivo añadido para el declive de los radicales, pero no es la razón principal. La crisis de los izquierdistas está propiciada por su falta de adaptación a la lucha institucional.

Los podemitas eran muy competentes cuando su actividad se reducía a las campañas contra los desahucios, los escraches o las movilizaciones de calle. Si la política nacional fuera una competición con chalecos amarillos serían claros ganadores. Sin embargo, en las instituciones democráticas han fracasado. No se han enterado de qué va la lucha institucional.

Incoherencias

En diciembre de 2015 pusieron como condición para negociar la investidura de cualquier candidato la aceptación de la autodeterminación para Cataluña. En marzo de 2016 rechazaron la investidura de Pedro Sánchez y en junio de 2018 lo hicieron presidente con sus votos. En 2016 reclamaban los puestos clave del Gobierno y en 2018 se limitaron a aplaudirlo desde los escaños. Exigieron que el primer acto del Gobierno socialista fuera una operación de Estado: retirarle una medalla a Billy el Niño.

En el debate cultural sobre el Valle de los Caídos desbordaron por la izquierda a Sánchez reclamando traslado de huesos y derribo de la Cruz. Aun así, la competición por la izquierda la ganó IU: huesos del dictador, cruz y exhumación de los restos de José Antonio Primo de Rivera.

Ni una palabra sobre el problema de la deuda ni una idea para hacer sostenible el cobro de las pensiones ni un argumento para generar más empleo ni una alternativa al actual sistema de financiación autonómica ni una propuesta para mejorar la enseñanza universitaria ni un plan para luchar contra las adicciones. Y doble lenguaje sobre la descarbonización: ecologistas en Madrid y cierre de filas con la industria desde Oviedo.

Todo lo que le preocupa al ciudadano medio no entra en la función parlamentaria de Podemos, con la excepción del gasto social, aunque no explican cómo se paga. La expectación creada por Pablo Iglesias en su etapa de tertuliano de éxito quedó defrauda con su actuación de líder opositor.

IU ha quedado anulada al subsumirse en el grupo Unidos Podemos. El tratamiento de la dirección federal de IU a Llamazares tuvo el asentimiento de Iglesias. La izquierda radical ha perdido el oremus, y deja que el voto de la izquierda retorne al PSOE.

La última broma es defender a Nicolás Maduro de un presunto golpe de Estado, una forma de cerrar la comedia que empezó en el Congreso de los Diputados reservando un escaño para el niño de la Bescansa.

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por JUAN NEIRA

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