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Juan Neira

LARGO DE CAFE

LA EROSIÓN DEL GOBIERNO

El llamamiento de los partidos de derecha, en Madrid, a participar en una concentración en protesta por la negociación del Gobierno con los grupos independentistas catalanes y en demanda de elecciones generales transcurrió con normalidad. El recelo por la participación de grupúsculos de extrema derecha añorantes del régimen del general Franco resultó infundado. Ni en las manifestaciones de la derecha contra Zapatero ni en esta concentración contra Pedro Sánchez hubo ningún desorden público. Clausurada la etapa de la ‘kale borroka’ en el País Vasco, el foco de los desmanes públicos en las convocatorias políticas o sociales se centra en Cataluña.

Son tan pacíficos y democráticos que canalizan su energía creativa rompiendo bancos, papeleras, contenedores o farolas. Y arremetiendo contra cualquier ciudadano que porte una bandera española. La Delegación del Gobierno en Madrid cifró en 45.000 los participantes y los convocantes hablaron de 200.000. Ante valoraciones tan dispares es difícil saber con qué quedarse. Vistas las fotos, si en la plaza de Colón y calles adyacentes solo había 45.000 personas, no entiendo cómo en otras ocasiones se dio por bueno que había un millón ¿Alguien en su sano juicio puede creer que en la Misa de las Familias, convocada por el cardenal Rouco Varela en diciembre de 2008 en la plaza de Colón, había veinte personas por cada de las que había ayer en ese mismo espacio urbano? La misma consideración se puede hacer con las ‘manifestaciones del millón’, como la que recorrió las calles de Madrid el 8 de marzo de 2018.

Desde una perspectiva política el acto cumplió con los objetivos básicos al demostrar que las derechas están unidas y tienen como meta la celebración urgente de elecciones generales para desalojar a Pedro Sánchez del poder. La denuncia del protocolo de negociación con los independentistas también sirve para elevar la alerta ante cualquier apaño con los catalanistas. La movilización eleva la crítica al Gobierno y resta margen de maniobra al presidente. El Ejecutivo socialista está hoy mucho más erosionado que hace una semana. La credibilidad del presidente está bajo mínimos. Si antes del miércoles no logra que ERC y PDeCAT retiren sus enmiendas a la totalidad de los Presupuestos Generales del Estado, el Gobierno se encontrará en un callejón sin salida. El único aliado que le queda, Unidos Podemos, atraviesa sus horas más bajas. En esas circunstancias es muy difícil mantenerse a flote.

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por JUAN NEIRA

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