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Juan Neira

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LA INVESTIDURA, COSA DE DOS

Toda la política española, desde las relaciones exteriores hasta las menudencias de los pequeños concejos, está a la expectativa de lo que suceda con la investidura de Pedro Sánchez.

Si para el día 23 no cuenta con el apoyo del Congreso de los Diputados, Las Cortes quedarán disueltas y convocadas nuevas elecciones para el 10 de noviembre. Las instituciones tienen unos procedimientos tasados y ahora entran las prisas porque no queda tiempo para cumplir con el protocolo.

El agobio de tiempo hay que cargarlo en el debe de Pedro Sánchez, que dedicó el mes de agosto al ‘postureo’ (reuniones con cineastas, feministas, ciclistas), aplazando la negociación política para la vuelta de las vacaciones.

En su descargo hay que reconocer que es muy duro ganar las elecciones con una gran ventaja sobre todos los competidores y al comparecer en la Cámara baja encontrarse con que de 227 diputados de la oposición solo uno, Miguel Ángel Mazón –el hombre de Miguel Ángel Revilla en Madrid–, votó a favor de su investidura. A cualquiera se le quitan las ganas de volver a hablar del asunto.

Mañana se reúne la Comisión Ejecutiva del PSOE para fijar la estrategia ante la negociación de la investidura. El martes se darán a conocer las 300 medidas que conforman el programa que expondrá Sánchez en el Congreso de los Diputados. El miércoles comienza la ronda de entrevistas con los líderes políticos para recabar los apoyos. Los primeros contactos serán con el diputado Miguel Ángel Mazón (el único que ya está convencido) y el PNV.

Más allá de las formalidades, la cuestión de la investidura está como en primavera: el nuevo mandato de Pedro Sánchez depende del acuerdo con Unidas Podemos. Si bien es cierto que Pedro Sánchez carece de alternativa como candidato a la Presidencia del Gobierno, también es verdad que Unidas Podemos, como socio de la investidura, no tiene recambio.

Sánchez y sus estrategas escogieron la vía exprés para ganar la investidura. Nada de largas conversaciones, dos o tres días de encuentros y a verse las caras en los escaños. Quieren poner a Pablo Iglesias entre el sí y las urnas, para que al final ceda. De esa forma evitan que se vuelva a hablar de gobiernos de coalición, porque un año en el poder les ha dejado una enseñanza impagable: el gobierno es la plataforma electoral más potente que quepa imaginar.

No tiene sentido compartirla con los chicos de Podemos que están doctorados en demagogia y con el BOE en las manos pueden ser tan persuasivos con el electorado como la flauta de Hamelín con los roedores. A día de hoy, la mayoría de los observadores pronostican que no habrá acuerdo entre las izquierdas y en noviembre volveremos a votar.

A primera vista parece que de esa manera nos liberamos del círculo vicioso en que está metida la política española regida por el disenso desde que se ensanchó la representación parlamentaria con nuevos partidos (Podemos, Ciudadanos). Sin embargo, a poco que se piense, la llamada a las urnas supone una gran pérdida de tiempo (en ningún caso habría un gobierno en firme hasta el próximo año) y la repetición del mismo escenario, con el PSOE como primer partido, pero lejos de la mayoría absoluta.

Los sondeos anuncian que el PSOE sacaría en las urnas veinte diputados más de los que tiene ahora, la mayoría de ellos proveniente de Unidas Podemos y el resto de Ciudadanos. Precisamente, los dos partidos que Adrián Barbón culpa del bloqueo institucional.

Con la sentencia del ‘procés’ marcando la línea política de todos los grupos nacionalistas y el Brexit tensando las relaciones entre la Unión Europea y el tándem, EEUU-Inglaterra, Pedro Sánchez estaría en precario. A la postre, su hipotético socio no podría ser otro que el disminuido grupo de Unidas Podemos. En definitiva, la repetición electoral no traería un cambio de escenario.Sin embargo, los sondeos electorales constituyen el elemento clave para salvar la legislatura. Me inclino a pensar que la izquierda (PSOE y Unidas Podemos) llegará a una entente para investir a Pedro Sánchez.

No hará falta negociar un acuerdo complicado, será el propio Pablo Iglesias quien dará vida a la legislatura para salvar su liderazgo en el partido morado. Si en las urnas Unidas Podemos obtuviera alrededor de 30 escaños, tal como dicen los sondeos, tanto él como Irene Montero quedarían laminados por la crítica interna. Cuatro años de errática estrategia parlamentaria darían paso a la caída del pedestal.

Ironías de la política, la supervivencia del diputado Iglesias pasa por la consolidación de Pedro Sánchez en la Moncloa. A veces, los enemigos comparten intereses. Como se avecinan días de confusión, me atrevo a avanzar que cuanto más se hable de elecciones, más cerca estará el apoyo de Iglesias a la investidura de Sánchez.

Ignoro a qué liana se va a asir el líder del partido morado para realizar una rectificación en toda regla. Espero de la inteligencia de Sánchez que facilite el abrazo entre líderes, tomando como precedente el achuchón que se dieron en el Congreso de los Diputados el día que se oficiaba el funeral por el gobierno del PP con el bolso de Soraya ocupando el escaño de Rajoy.

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