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Juan Neira

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MEDALLA DE ORO

La Medalla de Oro de Asturias otorgada a Vicente Álvarez Areces por el Consejo de Gobierno del Principado pone bajo los focos a la figura del ex presidente. Aún causa extrañeza que Álvarez Areces se haya ido de la escena pública porque no lo hemos visto enfermar, envejecer o retirarse. Murió sin haber iniciado el declive.

Para alimentar la duda sobre su ausencia están ahí sus obras que todos los días ponen de actualidad los ciudadanos.Más de 30.000 personas visitan diariamente los hospitales que construyó; miles de universitarios estudian en nuevas facultades realizadas bajo sus mandatos; incontables viajeros se desplazan por sus autovías (AS-I y AS-II), por no hablar de la cantidad de bañistas que acuden a las playas de Poniente y del Arbeyal, de la gente que asiste a actos culturales en el Niemeyer y en Laboral Ciudad de la Cultura, y de tanto beneficiario del salario social, prestación ofrecida a la gente sin recursos por un gobierno de izquierdas presidido por Areces.

Se puede hacer una lista muy extensa de sus realizaciones, pero lo más llamativo es que hasta ahora ningún otro presidente del Principado hizo actuaciones semejantes. Si las medallas de oro se conceden a las personas que más hicieron por Asturias y los asturianos, el premio está sobradamente justificado.

Bestia negra

Quisiera centrarme en el juego de fuerzas en que se movió Álvarez Areces durante un cuarto de siglo, primero como alcalde de Gijón y, luego, como presidente del Principado.

Cuando fue elegido candidato a la Alcaldía de Gijón, media organización socialista estaba en su contra porque apoyaban a José Manuel Palacio. La división llegó hasta las urnas. Durante parte de su etapa como alcalde tuvo al aparato en contra. Una anécdota: el día que se inauguró el Elogio del Horizonte, un desequilibrado golpeó al alcalde echando a perder el acto. Nadie hizo declaraciones públicas condenando la agresión.

Fuera de Gijón el ambiente todavía era más hostil. José Ángel Fernández Villa, hombre fuerte de la FSA, convirtió a Álvarez Areces en su bestia negra. En Madrid, Alfonso Guerra se mantenía alineado con el SOMA, y el propio Felipe González evitó hacer el más leve gesto en su favor. En una ocasión, hablando con dirigentes de la tercera vía (Trevín, Rodríguez Braga), el presidente dijo que el partido «no es una tribu», apodo que recibía el grupo de renovadores encabezados por Areces.

En 1999 fue candidato a la Presidencia del Principado porque Villa no se atrevió a enfrentarse a él en las primarias. El 13 de junio de aquel año, Areces ganó las elecciones por mayoría absoluta y esa noche la sede de la FSA era un velatorio. Desde el inicio del mandato el grupo parlamentario socialista maquinó contra su Gobierno.

Acoso

El proyecto de la Ley de Cajas sirvió para que el SOMA, el grupo parlamentario socialista, el PP, ministros de Aznar y el padrino mediático formaran una alianza opositora que estuvo a punto de quebrar el Gobierno.

Para rematar la operación, en el Congreso de la FSA, un candidato de Villa, consejero en el Gobierno de Areces, se enfrentó al candidato renovador y ganó.

Un acoso tan descarado, ante el silencio de la dirección federal, sólo se explica porque Areces era un intruso para los poderes conformaban el status quo asturiano.

La animadversión del aparato le acompañó hasta el final de su vida política, siendo capaces de proponerle para senador con una mano y con la otra hacer gestiones para que las bases votaran en distinta dirección.

¿Cómo pudo Areces resistir semejante presión y sacar adelante las principales realizaciones que se hicieron en Asturias durante la democracia?

Tirón electoral

Con dos armas: una gran capacidad para vencer las dificultades y con el apoyo de los ciudadanos que no dejaron de votarle. Ganó nueve elecciones seguidas (tres en el Ayuntamiento de Gijón, tres en el Principado y tres en el Senado). Nadie se acercó a esa marca. El tirón electoral le preservó de las mañas del aparato.

En los últimos años se esboza un relato de las cuatro décadas del autogobierno asturiano, en que se ensalza a algunos presidentes, como grandes estadistas, y se extiende un velo de silencio sobre los mandatos de Areces. Como si fuese un tiempo para olvidar.

Es algo tan burdo como aplaudir a los que se limitaron a pagar la nómina de los funcionarios y silenciar al autor de las principales actuaciones de la etapa autonómica.

Hace cuatro años, cuando Podemos se sumó a la batalla electoral se puso como meta batir a Areces en las urnas. Hizo campaña para ‘echarle del Senado’ y fracasó en su objetivo.

Lo que me llamó la atención es que un partido nuevo, lleno de gente joven, convirtiera a Areces en bestia negra, como lo había hecho Villa en los años ochenta del siglo pasado. Pensé: ahí está otra fuerza política más para sumarse al frente opositor que intentó desalojar a Areces de la Presidencia.

Nada más estrenarse en el cargo, Adrián Barbón ha realizado un acto de justicia histórica otorgando la Medalla de Oro de Asturias a Vicente Álvarez Areces por su defensa de los intereses generales de la región.

En ningún lado está escrito que el oro asturiano tenga que ir destinado a conspicuos representantes de los poderes fácticos.

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por JUAN NEIRA

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