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Juan Neira

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HABLEMOS DEL GOBIERNO

A partir del pasado jueves, cada cinco o seis horas, desde la Moncloa se filtraba el nombre de uno, dos o tres ministros. Antes, Unidas Podemos había dado a conocer su cuota de ministrables, encabezados por el ‘vice’ Pablo Iglesias. La actuación por libre del núcleo de Galapagar causó malestar en la cúpula del poder socialista, y la vicepresidenta, Carmen Calvo, recordó que el nombramiento de los ministros era una competencia exclusiva del presidente.

El nuevo Ejecutivo. Formado por 23 cargos, incluido el del presidente y cuatro vicepresidencias, contará con doce mujeres y once hombres y será el mayor de la época democrática.A continuación comprobamos que Sánchez quería reservarse la primicia para dar mayor brillo mediático al trámite, jugando al suspense con la opinión pública, al dejar al titular del Ministerio de Justicia para el final en un momento en que la estabilidad del Gobierno pasa por las decisiones de jueces, fiscales, presidiarios y fugados.

Tras el frívolo juego de mostrar las cartas a cámara lenta para aumentar la intriga del público, el presidente dejó para el domingo la tarea de informar al Rey. Cuando ya todo el mundo conoce la alineación del Gobierno, el presidente le canta los nombres al Jefe del Estado. A eso se llama dar un trato preferente.

Cuidadoso como el que más, Pedro Sánchez eligió la vía telefónica para hablar con el Rey. Es la primera vez desde el inicio de la democracia en que, tras unas elecciones, el presidente no se desplaza a la Zarzuela para dar cuenta de los ministros que va a nombrar. Continúa la larga lista de desaires al monarca.

Pablo Iglesias

Más allá de los argumentos explicitados para formar un gobierno de coalición con Unidas Podemos, llama la atención la capacidad de Pedro Sánchez para mimetizarse con las formas de Pablo Iglesias; el tiempo dirá si también con el fondo. Unidas Podemos es el socio minoritario de la alianza, pero Pablo Iglesias va siempre un paso por delante de Sánchez, bien sea en el trato con Torra y los independentistas, en elevar la fiscalidad a la banca, en predicar un modelo energético maniqueo, en comprender que para derrotar a la derecha es fundamental cerrar filas con los nacionalistas, en olvidarse de la industria, en resucitar a Franco para ganarle una batalla, en apoyar el cupo vasco, en reducir la problemática de las pensiones a la revalorización anual, en desentenderse de la deuda pública.

La familia del Gobierno crece y hay que arrimar más sillas a la mesa del Consejo de Ministros. Entre el presidente, vicepresidentes y ministros, son 23 miembros con derecho a firmar en el Boletín Oficial del Estado. El último Gobierno del PP estaba compuesto Rajoy, Santamaría y doce ministros. Para repartirse las mismas competencias se necesitan ahora nueve cargos más.

Todavía queda margen para crecer. Hay sitio para una eventual entrada de nacionalistas, si la ocasión lo exige. Recuerdo los gobiernos de cinco partidos (’pentapartito’) en la Italia liderada por la Democracia Cristina, con decenas de ministros.

La lectura de los ministerios produce desasosiego porque acumulan competencias heterogéneas. Veamos.

Contradicciones

Carmen Calvo es vicepresidenta, ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática. Todo normal hasta que llegamos a la memoria. ¿Es lógico que una vicepresidenta, básicamente entregada a la estrategia política, lleve la cuestión de la Memoria Democrática? ¿No es mucho más natural que recayera en el Ministerio de Cultura, a no ser que creamos que la cultura es exclusivamente espectáculo y arte?

Nadia Calviño, vicepresidenta, ministra de Economía y Transformación Digital. Vamos a ver, ¿qué sentido tiene endosar a la responsable de gestionar el cuadro macroeconómico del Estado y negociar con la Comisión Europea, el asunto de la Transformación Digital? Ese estrambote que se lo adjudique al Ministerio de Industria o, en último término, al Ministerio de Ciencia e Innovación.

Pablo Iglesias, vicepresidente, se responsabiliza de los Derechos Sociales y la Agenda 2030. No hay contradicción entre los dos enunciados, pero la Agenda 2030, con las implicaciones en educación de calidad, trabajo digno, erradicación de la pobreza, etcétera, va a propiciar choques con los ministros de esas áreas.

La última vicepresidenta, Teresa Ribera, compaginará la transición ecológica con el reto demográfico, que son dos asuntos sin vínculos ni relaciones. No sé si a uno le dedicará las mañanas y al otro las tardes, pero la política demográfica está mucho más emparentada con las políticas sociales que con el mix energético, verdadera especialidad de Ribera.

Clave

La artificial separación de Universidad y Ciencia e Innovación, en dos ministerios, es un dislate que solo se justifica por las reticencias a darle a Podemos la gestión del I+D.

El pluriempleo de los ministros socialistas, saturados de heterogéneas competencias, contrasta con la concisión de los cuatro ministerios de Podemos: Trabajo (Díaz), Igualdad (Montero), Consumo (Garzón), Universidades (Castells).

La única clave para entender la inflación de cargos y la distribución desigual de competencias se llama desconfianza. Pedro Sánchez sabía que para cohabitar con Pablo Iglesias era preciso desarmarlo. Ahora está en condiciones de dormir de un tirón toda la noche en el mítico colchón de la Moncloa.

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por JUAN NEIRA

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