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Juan Neira

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LA MENTIRA ES BANAL

En la propuesta de cese de mando del coronel Diego Pérez de los Cobos, enviada por la directora de la Guardia Civil al secretario de Estado de Seguridad, explica que la medida se fundamenta en la pérdida de confianza por «no informar del desarrollo de investigación y actuación de la Guardia Civil en el marco operativo de Policía Judicial con fines de conocimiento». Las interpretaciones del cese dadas por el Gobierno se convierten en papel mojado, desde la genérica pérdida de confianza, argüida al principio, hasta la necesaria redefinición de equipos, pretextada luego. La propia María Gámez, directora de la Guardia Civil, fue quien aportó la principal prueba sobre las mentiras del Ministerio del Interior. El pasado viernes, en el Senado, Grande G Marlaska llegó a decir que nadie de su Ministerio ni de la Dirección General del Instituto Armado solicitó al coronel el informe del 8-M ni se interesó por su contenido. Tras negar cualquier interferencia, ahora comprobamos que pretendía conocer el trabajo que hacían los guardias civiles que trabajaban como Policía Judicial, que es tanto como decir con dependencia funcional de la jueza que investiga las actuaciones efectuadas por el Gobierno ante la jornada del 8-M.

La oposición del centro-derecha (PP, Vox, Ciudadanos) pide la dimisión de Grande-Marlaska por haber mentido. La actuación del ministro tiene el agravante de haberla realizado en el Parlamento. Para un cargo público, la mentira es una línea roja que no puede traspasar sin poner en riesgo su credibilidad. Sin embargo, en la vida pública española la mentira se ha convertido en un instrumento habitual que no genera consecuencias negativas para su autor. Un acto banal. Se puede decir que no se van a subir los impuestos y hacerlo en el primer Consejo de Ministros (Rajoy), o asegurar que no se va formar Gobierno con Unidas Podemos y firmar la coalición a los tres días de los comicios (Sánchez), o que no se va a pactar con Bildu y hacerlo en cuanto se presenta la primera ocasión (Sánchez).

El Gobierno cierra filas con Marlaska y se saca de la manga una nueva versión, basada en algo tan inverosímil como que querían estar al tanto del informe, pero sin pretender conocer su contenido. Partidos como PNV, ERC o JxCat no sienten ninguna simpatía por el coronel De los Cobos, así que cerrarán filas con el ministro. Más allá del blindaje que puede proporcionar la aritmética parlamentaria, Grande-Marlaska va a ser a partir de ahora un lastre para Pedro Sánchez.

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por JUAN NEIRA

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