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Juan Neira

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BROTE DE OPTIMISMO

Esta semana sucedió algo imprevisto en la escena pública española al convertirse en aliados los clásicos rivales. El decreto que regula la llamada ‘nueva normalidad’ fue aprobado en el Congreso de los Diputados con los votos de los partidos que gobiernan (PSOE y Unidas Podemos) y de la oposición del centroderecha (PP y Ciudadanos). También dieron su apoyo el PNV y el puñado de diputados regionalistas que convive en el Grupo Mixto.

El acuerdo parlamentario se amplió a otros asuntos, como la candidatura de Nadia Calviño para presidir el Eurogrupo que contó con el voto favorable del PP, Ciudadanos y Vox. El Gobierno también logró pactar con los agente sociales la prórroga de los ERTE (dos millones de trabajadores) hasta finales de septiembre e, igualmente, la prórroga de la prestación para los trabajadores autónomos (1,5 millones) por cese de actividad.

La imposibilidad de llegar a acuerdos se ha esfumado, como por ensalmo, y los que discrepaban se entendieron. El cambio se ha producido en el momento más adecuado, cuando la lucha contra el virus entra en una nueva etapa y en ella tocará fijar las prioridades políticas que deberán plasmarse en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado; cuando el Gobierno renueva su apuesta por el gasto social, que sólo en los ERTE alcanza una cifra de 25.000 millones de euros (más de un 40% por encima de lo que había comunicado a Bruselas).

En las próximas semanas sabremos si los pactos recién alcanzados suponen un cambio en el modelo de gobernabilidad del país o si volvemos al esquema frustrante del enfrentamiento de bloques que tiene paralizada la política española desde 2016.

Ciudadanos

Con más grupos parlamentarios que nunca en el Congreso de los Diputados los equilibrios en los que se mueve el Gobierno de coalición son sensibles a cualquier pequeña alteración. Bastó que un grupo tan modesto como Ciudadanos, con diez diputados, se desplazara hacia el centro para que apareciese una alternativa al Gobierno Frankestein.

El acercamiento de Ciudadanos hacia el Gobierno provoca el alejamiento de ERC, el principal aliado del Ejecutivo de coalición. Entre los diputados del PSOE, Unidas Podemos, Ciudadanos, PNV y regionalistas del Grupo Mixto dibujan una mayoría absoluta menos estridente para Bruselas que la alianza forjada para investir a Pedro Sánchez.

Si ERC es el socio estratégico del Gobierno la agenda catalana tendrá la posibilidad de hacer descarrilar la legislatura. Si ERC se aleja, el conflicto catalán seguirá abierto, pero sin la capacidad de bloquear las instituciones españolas.

La entrada de Ciudadanos en la centralidad política también provoca disfunciones, no todo va a ser positivo. El partido naranja inquieta a Unidas Podemos. Pablo Iglesias recuerda cómo en marzo de 2016 la entente entre Sánchez y Rivera le obligó a votar con el PP de Rajoy en contra de la investidura de Sánchez. Los socialistas convirtieron en argumento electoral la pinza Podemos-PP. Ciudadanos, aunque miniaturizado, es el aliado natural del PSOE cuando quiere optar por la moderación.

Urticaria

Si Unidas Podemos recela de Ciudadanos, el PNV sufre urticaria ante el partido naranja. El grupo de Inés Arrimadas es la bestia negra de los nacionalistas de toda ralea, pero el PNV es un partido muy pragmático y siempre que el apoyo al Gobierno suponga más recursos para la tierra mantendrá el espíritu constructivo. Es el único partido que va a hacer caja con el Ingreso Mínimo Vital, porque al convertirse en una prestación de la Seguridad Social no formará parte de las cuentas del cupo.

Otra ventaja que depara el corrimiento de Ciudadanos es la pérdida de iniciativa de Unidas Podemos. Cuando los independentistas catalanes sostienen al Gobierno, Pablo Iglesias es el interlocutor privilegiado, como ya ha demostrado visitando a Oriol Junqueras en la cárcel.

La última consecuencia positiva del giro de Ciudadanos es la de amortiguar las tensiones entre PSOE y PP. Dejando a un lado a algunas formaciones testimoniales (Coalición Canaria, el partido de Revilla, Teruel Existe, UPN), PSOE, Ciudadanos y PP son los tres partidos parlamentarios inequívocamente comprometidos con la Constitución.

En definitiva, dejar a los independentistas catalanes fuera de la gobernabilidad de España y sustituirlos por un partido constitucionalista sólo depara beneficios para la democracia española.

Virus

Ahora bien, los cambios en la dinámica parlamentaria no se van a producir en un escenario convencional, sino en plena crisis económica y con rebrotes de la pandemia por todos los rincones del mapa.

Si la nueva normalidad es una etapa reversible y volvemos a un escenario de confinamiento las posibilidades de avanzar hacia la moderación y el entendimiento se esfuman.

La excepcionalidad social llevará a la excepcionalidad política, con guerra de trincheras, disputas en cada decreto ley y malestar creciente de los gobiernos autonómicos que son los que gestionan hospitales, centros de salud y residencias de la tercera edad.

El otro gran peligro es el resquebrajamiento del escudo social. Si el Estado se queda sin recursos para prolongar los ERTE y las prestaciones a los trabajadores autónomos, y todavía la actividad económica no ha despegado, iríamos a una cifra de desempleo récord, por encima de los 6,5 millones de trabajadores. La combinación de virus y paro destruye todo lo que encuentra a su paso.

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por JUAN NEIRA

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