Al llegar al ecuador del mandato el Principado toma dos decisiones importantes, refundar la Zalia, como única forma de salir del pozo en el que cayó la zona logística, y dar una nueva dimensión al área metropolitana, desbordando los límites del área central de la región a los que se había circunscrito siempre el proyecto, para crear una cosa nueva (ciudad-región) a la que están convocados todos los ayuntamientos que quieran participar en el invento. El acuerdo al que se había llegado en la anterior legislatura entre el Principado y los consistorios de Gijón, Avilés, Siero, Mieres y Langreo se tira a la papelera para ensayar un diseño novedoso, de perfiles inconcretos, que puede comprender tanto a una docena de concejos como a los sesenta y ocho ayuntamientos, según decidan las corporaciones municipales, porque se trata de formar un club con la puerta abierta a la incorporación de socios.
El intento de convertir la zona central de la región, donde viven el 80% de los asturianos, en área metropolitana, resultaba similar a lo que se había hecho en otros países europeos y en la propia España. Bien es cierto que con la particularidad, en nuestro caso, de gravitar sobre una estructura policéntrica, no sobre una gran ciudad, como en Barcelona, Sevilla o Valencia. La nueva propuesta que esboza el consejero de Medio Rural y Cohesión Territorial, Alejando Calvo, la ciudad-región, no corresponde a la realidad del territorio asturiano que es diverso y heterogéneo donde los haya. Interpretar Asturias como una gran urbe es como ver gigantes donde hay molinos. Las diferencias de densidad de población, de necesidades de movilidad, de demandas de consumo, de ofertas culturales, de actividades económicas, etcétera, es impresionante. Vamos a ser una supuesta ciudad divida en tres circunscripciones electorales. Una extraña urbe que tiene problemas graves de comunicación viaria, como sólo tiene una región sin vertebrar. En fin, aplicando la doctrina del “sanchismo”, vamos a ser una ciudad de ciudades.
El consejero propone “crear algo donde todos nos podamos sentir cómodos”. Me parece un objetivo loable a condición de que la meta de la comodidad no conlleve desvirtuar la lógica del territorio. Alejandro Calvo hereda un equívoco que fue necesario para que el Principado firmara con cinco ayuntamientos el ahora abandonado embrión del área metropolitana: un territorio susceptible de estirar o encoger, con alas o sin alas, en función de lo que digan los alcaldes.