Cuando ha transcurrido casi el 80% del verano, se puede asegurar que los grandes incendios (más de 500 hectáreas) han sido los grandes protagonistas de la estación. Se trata de un fenómeno en crecimiento (el pasado año hubo 384 incendios forestales más que el anterior), que seguramente no se detendrá en los actuales parámetros, porque la sequía, la elevación de las temperaturas, el abandono de las explotaciones agrarias y la maleza acumulada, contribuyen a facilitar la extensión de los fuegos. Ocurre en toda la Unión Europea, donde, de media, se ha multiplicado por tres la superficie quemada en los últimos quince años. Aunque en la actualidad, por influencia del cambio climático, haya más riesgo en la cuenca mediterránea, la estadística nos dice que en los últimos decenios el territorio más problemático fue el noroeste, siendo Galicia la región más castigada, y con Asturias ocupando el tercer lugar, con un 13% de los incendios habidos en España. La única política eficaz para luchar contra los fuegos es la prevención. Al iniciarse el curso político habría que hablar de este asunto y de las medidas que se deberían tomar para anticiparse a los desastres medioambientales y económicos que causan los incendios.
Parte de las condiciones que facilitan el fuego contribuyen a la escasez de agua, otro fenómeno inquietante. Soy pesimista pensando en el futuro. El Ministerio de Transición Ecológica calcula que en los próximos años habrá un 25% menos de agua disponible, elevándose al 40% en el sudeste. Sin embargo, la ministra Teresa Ribera tomó la decisión de suprimir 85 embalses que estaban en los anteriores planes hidrológicos porque no se preveía construirlos en los próximos seis años. Podía haber recurrido a cualquier otra excusa, ya que está en contra de hacer más pantanos por supuesto daño ecológico. Dice que «la gran apuesta es garantizar la buena interconexión entre todos los recursos hídricos en cada cuenca». ¿Les suena? Esa fue la razón por la que no se construyó la presa de Caleao, que hubiera duplicado el agua embalsada en Asturias, sustituyéndola por tres grandes tuberías que recorrerán Asturias de un extremo al otro repartiendo el agua según necesidades. Es decir, la ministra anuncia que escaseará el agua, pero en vez de propiciar el aumento de las reservas, opta por suprimir pantanos, aumentar las tuberías y anunciar que no habrá más agua para regadío. En otras palabras: optimizar la escasez. El exceso de ideología en la política es fuente de daños.