l quedar las vías asturianas al margen del generoso plan de inversiones ferroviarias del que se beneficiarán los corredores del Atlántico y del Mediterráneo dan ganas de rasgarse las vestiduras una vez más. Es verdad que el Gobierno de España y, en particular, el Ministerio de Transportes, nos han dejado una vez más orillados, pero el rechazo ministerial tenía el terreno abonado.
El tramo de alta velocidad Lena-Gijón queda sin la financiación europea. La clase política y la sociedad asturiana ya dieron por perdida esa actuación. Los políticos la reivindican con la boca pequeña. Todos se dan por satisfechos con la llegada del AVE a Lena. El Principado dice que la inauguración de la variante de Pajares supondrá un salto cualitativo en las comunicaciones asturianas, pero nadie repara en que la nueva línea de AVE será la primera en unir, en Europa, la capital de una nación con un pueblo de montaña. La línea discurrirá entre Madrid y Campomanes. A partir de este último empezará otro servicio ferroviario. Un viajero que vaya de Madrid a Gijón tardará cincuenta minutos más de lo que se preveía cuando se empezó a ejecutar la línea de AVE. Lo nuestro no va a ser alta velocidad, será otra cosa. El conformismo colectivo disfraza esta triste realidad.
Desde nuestra región se alzaron voces destacadas diciendo que Lena-Gijón no necesitaba un nuevo itinerario, que bastaba con realizar arreglos en algunas partes del trazado. Si a los de casa les parece un exceso, cómo vamos a pedir a los de fuera que lo vean necesario. Yo me pregunto si, por ejemplo, en el año 2070 la vieja línea modificada podrá estar integrada en las redes de la alta velocidad europea. El momento de reivindicar un nuevo trazado era ahora, no dentro de cincuenta años, cuando ya seamos una región de segunda en todos los aspectos.
En la estrategia de los corredores está previsto que la alta velocidad esté conectada con los principales puertos del Estado. Es decir, que las vías sean de ancho estándar o ancho internacional. Por razones difíciles de explicar, en ninguna otra región se hizo una crítica tan absurda sobre la instalación del ancho internacional como en Asturias. Con estos antecedentes, la ministra, Raquel Sánchez, dice que no accedemos a la financiación europea por una cuestión de plazos. En un año que lleva en el cargo ya aprendió de su colega, María Jesús Montero, a parapetarse en la burocracia europea para justificar rechazos, recortes y desaires. Nosotros tranquilos, el caso es llegar a Campomanes.