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Juan Neira

LARGO DE CAFE

UN DISENSO MUY CARO

El debate en el Senado sobre la energía, que posibilitó el primer cara a cara parlamentario entre Pedro Sánchez y Núñez Feijóo, estuvo precedido de una expectación propia de un pleno en el Congreso de los Diputados sobre el estado de la Nación o de una sesión de investidura. Mucho interés para un debate que estaba condicionado por el formato. Pedro Sánchez habló dos horas y once minutos, mientras que Núñez Feijóo se tuvo que conformar con veintiséis minutos en la tribuna.

Tamaña asimetría se suele compensar con una dosis de cordura por parte del presidente del Gobierno, reduciendo el tiempo ilimitado que le concede el reglamento de la Cámara al doble del que tiene el líder opositor, pero está visto que Pedro Sánchez no es partidario de la mesura.

La conclusión más importante del debate es que la incapacidad para el acuerdo sigue siendo la nota dominante en las relaciones entre el Gobierno y el principal partido de la oposición. Ya se sabía, pero toca constatarlo cada cierto tiempo. En los últimos meses hubo grandes novedades, desde la guerra de Ucrania hasta la rampante inflación y, en el orden político, el relevo de Pablo Casado por Núñez Feijóo. Cambia el escenario, pero se mantiene la cerrazón.

Razones

Se podría decir que lo único en lo que están de acuerdo Sánchez y Feijóo es en discrepar. Las culpas del disenso están repartidas al 50%, aunque ambos se basen en argumentos diferentes. Feijóo no quiere el pacto entre los dos grupos por la misma razón que no lo quería Casado: prefiere esperar a que el Gobierno se hunda y convertirse directamente en presidente. No es un cálculo disparatado. La mayoría de las encuestas dicen que si se celebraran ahora las elecciones Feijóo podría gobernar con mayoría absoluta gracias a los escaños del PP y Vox.

Sánchez tampoco quiere aliarse con el PP, porque su proyecto estratégico pasa por la entente de la izquierda con la miscelánea de grupos nacionalistas y regionalistas. Este último sector está en ascenso, desde los 21 diputados de la primera legislatura hasta los 40 de la actualidad. Si Podemos pierde escaños, los recoge el PSOE; sin embargo, las fuerzas nacionalistas tienen nicho propio. No hay vasos comunicantes entre los electorados constitucionalistas y nacionalistas. A ello hay que sumar que los grupos nacionalistas, por su esencia, tienen una gran capacidad para crear conflictos graves, así que con pocos escaños pueden marcar la agenda política española. Por último, el PP está quedando casi sin representación parlamentaria en Cataluña y País Vasco, razón de más para afianzarse el PSOE como único interlocutor válido del nacionalismo.

Sánchez y Feijóo pueden tener argumentos de peso para evitar el acuerdo, pero tienen que reconocer que el disenso está causando graves perjuicios a España. Desde las elecciones de 2015, la debilidad de los gobiernos es palpable, hasta el punto de que grupos minoritarios y contrarios a la Constitución se convierten en piezas claves de la gobernabilidad.

La escena va a cambiar en pocos meses debido a la política adoptada por el Banco Central Europeo (BCE). La decisión de subir 75 puntos básicos los tipos de interés no estaba entre las previsiones. No solo es la más grande de todas las adoptadas por el BCE, sino que la presidenta del banco, Christine Lagarde, ha declarado que no será la última del año. Las consecuencias económicas de este giro van a ser inmediatas.

Para empezar, la decisión implica que el BCE considera que la inflación no es una gripe pasajera, sino una amenaza seria. En segundo lugar, si se recurre a una subida de tipos, en línea con las adoptadas por la Reserva Federal de EE UU, es debido a la falta de credibilidad de las políticas de los gobiernos para combatir el alza de precios.

Pasmoso

Para cualquiera que conozca el proceso inflacionista iniciado con las crisis del petróleo y prolongado, en el caso de España, hasta los años noventa del siglo pasado, le resultará pasmosa la política adoptada por los gobiernos. No es algo exclusivo de Pedro Sánchez, en Alemania hacen cosas similares a España. La pasada semana aprobaron el tercer paquete de ayudas, valorado en 65.000 millones de euros. Antes habían aprobado otros dos por valor de 30.000 millones. Así subvencionan viajes por toda Alemania. En época de vacas flacas, excesos propios de la opulencia.

La subida de los tipos de interés va a cortar el chorro porque el precio del dinero sube. Con los tipos de interés bajos -llegaron a ser negativos- la tentación de gastar y endeudarse era irrefrenable. El cambio va ser del día a la noche. La política de los gobiernos, lejos de combatir la inflación, la propiciaba. A la inflación se le hace frente endureciendo la política monetaria y con política de rentas. Las dos medidas son dolorosas (otro día lo vemos), pero la alternativa es la inflación galopante que derriba el sistema económico.

Anda por ahí gente escribiendo que si la subida de precios es por culpa del gas o que elevar los tipos de interés no servirá para nada. ¿Cómo que no? La subida de tipos apreciará al euro y las compras de energía y de las materias primas, resultarán más baratas porque se pagan en dólares. Hasta ahora no nos beneficiamos de la caída de los precios de las materias primas por la debilidad del euro frente al dólar.

La política antiinflacionista exige gobiernos fuertes. Y aquí volvemos a lo de antes: si Feijóo y Sánchez se pusieran de acuerdo…

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por JUAN NEIRA

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