Armando Fernández Bartolomé, único integrante del Grupo Mixto en la Junta General del Principado, tras haber sido expulsado de Ciudadanos por faltar a la unidad de acción y a la disciplina de voto (quienes lo expulsaron faltaron a la unidad de acción con Inés Arrimadas: están como para dar ejemplo), ocupa una posición singular dentro de la Cámara. Adrián Barbón necesita tres escaños de la oposición para aprobar los presupuestos del próximo año. Dos se los va a dar IU, salvo sorpresa mayúscula, y el otro lo puede aportar Bartolomé. La colaboración de Ciudadanos, Podemos y Foro es más dudosa y si elevan el listón de las demandas pueden convertirse en socios prescindibles. Por primera vez, en seis años de trayectoria parlamentaria, lo que Bartolomé piense, diga y vote tiene mucho interés para el Gobierno socialista.
Conocedor de la situación, el diputado del Grupo Mixto ha puesto una condición para apoyar las cuentas regionales: aprobar una ley de salud escolar, especialmente centrada en proteger la salud mental del alumnado. Me sorprendió. Comprendo que Bartolomé es enseñante y, por tanto, sensible al asunto que pone encima de la mesa, pero no pensé que los presupuestos de Asturias dependieran de una ley, y menos de una norma tan específica. Puesto a ser indulgente, tengo que reconocer que en seis años de presencia parlamentaria los diputados de Ciudadanos (pasaron muchos por los escaños) presentaron siempre propuestas desnortadas al proyecto de presupuestos. No entendieron lo que se explica en el curso cero del diputado: las medidas que se propongan tienen que causar impacto entre el electorado y dificultad al Gobierno. Las leyes están hechas de materia líquida. Se escurren entre los dedos en la negociación de las cuentas. Cualquier gobierno, de izquierdas o de derechas, está dispuesto a dar la aprobación a una nueva ley de salud si a cambio le dejan gestionar cinco mil millones de euros.
Cuando uno es aliado llena el discurso de leyes; cuando se ejerce de opositor la mirada se centra en impuestos, inversiones, gastos. Aún es más llamativo que, puestos a poner como materia de pacto a la población escolar, no se dirija el tiro hacia el modelo de enseñanza que se estrena en este curso. Vamos hacia el desastre y en la Junta General del Principado nadie levanta la voz, excepto para quejarse del escaso apoyo al eonaviego, la lengua que utilizan menos de un uno por ciento de los asturianos. Tras escuchar a Bartolomé, Adrián Barbón tiene una preocupación menos.