En la nómina de los políticos está elevar la moral de la tropa. Asturias vive una época de especial descreimiento y en algunas materias, como las infraestructuras de transporte, la capacidad de ilusionarse es nula. Antes de entrar en el tema del artículo, pongo un ejemplo gijonés: el plan de vías. La población da por archivado el proyecto. Se vio en las últimas manifestaciones de hace ya bastantes años, muy jaleadas por los organizadores y con muy pocos participantes en la calle. El mes pasado se supo que las tareas previas para licitar la estación intermodal tendrán un tiempo de ejecución de treinta meses. Los políticos locales protestaron, los regionales se abstuvieron y la gente aprovechó el sol para pasear. Nadie se cree nada. Veinte años largos vendiendo dibujos y maquetas para ofrecer como único fruto el espacio que dejaron vacío las estaciones derribadas. En el túnel del metrotrén se harán algún día actividades culturales. Surgen ideas: un amigo me dijo que se podría representar el ‘Tragaluz’, pero creo que es mejor, ‘Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?’
Alejandro Calvo se ha tomado en serio la labor de elevar la moral de la tropa y nos anuncia que en el traído y llevado plan de cercanías ferroviarias (2017-2025) las cosas han cambiado para bien. El consejero de Medio Rural y Cohesión Territorial reconoce que en los primeros años el plan era una promesa, sin proyectos ni adjudicaciones, pero que en esta legislatura entramos en otra fase definida por los hechos. Sería estupendo que las cosas fueran así, unos breves años de titubeo y adelante con las obras. Sin embargo, cuando ya superamos el ecuador del plan más de la mitad de las actuaciones están en fase de estudio o planificación. El 75% de la inversión está en las primeras fases del procedimiento administrativo; queda por sacar el proyecto a información pública, declaración de impacto ambiental, autorización para contratar, licitación, adjudicación, contrato, acta de replanteo, expropiaciones, proyecto básico y proyecto constructivo.
A todo ello hay que añadir algo fundamental, la partida reservada en los Presupuestos Generales del Estado para la obra y la ejecución de la misma. Un caso concreto: las buenas noticias que había anunciado la ministra Raquel Sánchez para el vial de Jove y los raquíticos dos millones que aparecieron anotados en el presupuesto. Estoy seguro de que Alejandro Calvo pelea todas las semanas por sacar adelante el asunto de las cercanías, pero estamos ya muy escaldados.