La Mesa de la Junta General del Principado ha tomado la decisión de solapar el debate de investidura con la secuencia más intensa de la campaña electoral. El presidente saldrá elegido, previsiblemente, el día que termina la campaña, cuando, según las encuestas, todavía no decidieron el voto seis millones de ciudadanos. Si se quería contribuir a una situación anómala, como es todo lo relacionado con la cita electoral en pleno puente de la segunda quincena de julio, la Mesa de la Cámara ha dado en la diana. La televisión autonómica nos ofrecerá un debate entre candidatos (van a ser dos por primera vez en la etapa autonómica: Adrián Barbón y Diego Canga) y portavoces parlamentarios, mientras en el resto de España, Pedro Sánchez y Alberto Feijóo participarán en mítines para arañar los votos indecisos. En esa pugna también estarán Santiago Abascal y Yolanda Díaz. No sé si tras esta buscada coincidencia hay un algún mensaje subliminal para el electorado. Lo cierto es que no hay ninguna ventaja en adelantar el debate de investidura. Daba igual empezarlo el 18 de julio martes que el 25 de julio martes. Una semana arriba o abajo no cambia nada, salvo que con la segunda fecha no se interferiría en la campaña de las elecciones generales.
Más de una vez hemos insistido desde esas líneas que hay que reforzar la dimensión institucional de nuestra comunidad autónoma. No tenemos un déficit de asturianismo, pero sí de solidez institucional. En la última legislatura se han dado algunos pasos en la dirección correcta, como la celebración del cuarenta aniversario del Estatuto de Autonomía o la relevancia dada desde el Principado al día 25 de mayo, en recuerdo del histórico 25 de mayo de 1808. Ahora bien, el déficit institucional tiene que ver, fundamentalmente, con las instituciones actuales, por eso es adecuado tomarse muy en serio los debates sobre el estado de la región o dar toda la relevancia a las sesiones de investidura. Hay que hacer todo lo posible porque esos debates parlamentarios lleguen a la gente.
En este caso se ha hecho todo lo contrario. La investidura del nuevo presidente del Principado pasará sin pena ni gloria, aplastada por el peso de la campaña electoral. Ya tiene suficiente dosis de política la gente, esos días, como para prestar atención al debate parlamentario asturiano. Lo peor de todo es que tantas prisas no servirán para nada.
Tras la investidura y el nombramiento de los consejeros, todos se irán de vacaciones hasta el pleno institucional del 8 de septiembre.