La inminente visita del ministro de Transportes servirá para comprobar las sensibilidades de Óscar Puente con las infraestructuras asturianas, una problemática que da para un expediente muy abultado. Las obras del Estado en nuestra región se prolongan durante generaciones, como la variante de Pajares que pudo estrenar el ministro, acompañando al Rey y al presidente del Gobierno, sin haber tenido la oportunidad de hacer algo por ella. Una manera de alargar la construcción de los equipamientos es la interrupción de las actuaciones durante un tiempo más o menos indefinido. De eso sabemos mucho. Hace cinco años, se reunían el presidente, Adrián Barbón, y el vicepresidente, Juan Cofiño, con el entonces ministro, José Luis Ábalos, y su equipo. El Plan de Cercanías, 2017-2025, estaba estancado y puestos a hacer un ejercicio de realismo, los nuestros plantearon la compra de locomotoras de segunda, tercera o cuarta mano, para poder cumplir los anuncios de la cartelera de servicios. Para no dejar a la gente tirada en los andenes. Pues bien, no hubo compra y las locomotoras nuevas están donde estaban, en la mente de algún diseñador que todavía no ha recibido el encargo. Soy consciente de que acabo de poner un ejemplo menor, porque de grandes paralizaciones de expedientes pondremos otro ejemplo más abajo.
Sin duda, el anuncio más ansiado que se espera del ministro es el relanzamiento del antes citado Plan de Cercanías, que tocaba finalizar en 2025, pero que tiene ya obras previstas para más allá de 2030. Al ministro hay que decirle que para desplazamientos por la región tenemos coches y autobuses, pero necesitamos recuperar algo que había hace cuarenta años: trenes de viajeros. Comprendo que las ‘rodalíes’ (cercanías catalanas) son prioritarias, como esos barcos con agua para quitar la sed de los catalanes, pero nosotros llevamos más tiempo haciendo cola.
Al parecer, Óscar Puente va a retomar el proyecto de la variante de Villabona, obra completamente necesaria para descongestionar el tráfico y hacer más rápido el viaje de Lena a Gijón. Han pasado 18 años desde el primer estudio y todavía estamos en la casilla de salida, porque los trabajos se interrumpieron tantas veces como se iniciaron. No podemos volver a estar con un mismo estudio informativo durante dieciocho años, pendientes de que las administraciones se pongan de acuerdo sobre el trazado de la variante y las propiedades particulares afectadas. Con lo rápido que expropian cuando les interesa.