El número de altos cargos y de personal de confianza crece en el Principado. El gasto en ese tipo de contrataciones es un 48% más elevado que hace diez años. La suma de altos cargos y personal eventual de gabinete supera las 200 personas, lo que supone un 21% más que cuando Adrián Barbón llegó al poder y un 31% por encima de los que había hace una década. En la actualidad, nos cuestan más de 15 millones.
El crecimiento del número de asesores es una constante en las administraciones. Cuenta Fernando Onega que cuando Adolfo Suárez se instaló en la Moncloa tenía ocho asesores. En la actualidad, el Gobierno de Pedro Sánchez anda por los 1.839, entre altos cargos y personal de confianza, lo que representa un 33% más que el Gobierno de Rajoy, que ya tenía bastantes más de mil. Si no se aprueba una ley que ponga techo al aumento desmedido, la cifra crecerá indefinidamente. ¿Cuál es la razón?
Son varias. Cualquier persona necesita asesorarse si desconoce la materia sobre la que va a tomar decisiones. No hay que observar mucho para darse cuenta de que la mayoría de los presidentes, ministros, consejeros autonómicos, alcaldes, concejales, etc., tienen un amplio nivel de desconocimiento sobre los asuntos que gobiernan. Necesitan que alguien les sugiera lo que hay que hacer, aporte argumentos y evite disparates. Entrevistando a ese abigarrado conjunto de autoridades se da uno cuenta de lo que hay. Se podrá argüir que para eso está la Administración, con sus funcionarios, pero el político solo se fía de las personas que elige a dedo y puede poner en la calle cuando le plazca. Hace falta que el poder no tenga límites de horario ni de tareas, para que el cargo de confianza desarrolle el espíritu servil que todos llevamos dentro, y empiece a llevarle la cartera, reírle las bromas y ponderarle las ocurrencias.
Los asesores crecen en la misma medida que se devalúa la militancia en los partidos. Hace cuarenta años, del interior de las formaciones políticas surgían ideas, proyectos, planes. Las direcciones orgánicas estaban formadas por gente mucho más competente que las de ahora. En el presente, el líder de turno no tiene nada valioso alrededor. Comparemos el primer gobierno de Pedro de Silva y el actual del Principado. O el primero de Felipe González y cualquiera de los de Pedro Sánchez. No hay color. El tándem formado por el presidente y los asesores constituye el principal vector político. Es lo único que crece en un país, en una región, mientras parlamentos y partidos pierden fuerza.