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Juan Neira

LARGO DE CAFE

LECCIONES DE GALICIA

Las elecciones gallegas del pasado domingo dejan enseñanzas, como ocurre siempre que los electores de cualquier comunidad autónoma son llamados a las urnas. No se pueden extrapolar los resultados de unas regiones a otras, pero sí cabe comparar cada partido consigo mismo y analizar la dinámica de bloques.

El dato más llamativo del escrutinio electoral es el saldo obtenido por la izquierda estatal o española. PSOE, Podemos y los actuales dirigentes de Sumar gobernaron la pasada legislatura en España; PSOE y Sumar tratan de gobernar en este mandato, aunque el cargado ambiente político no se lo facilita. Pues bien, esas tres fuerzas de gobierno obtuvieron sólo nueve escaños de los 75 que componen la Cámara gallega. Hubo doce elecciones, en 43 años de etapa autonómica en Galicia, y nunca la izquierda había sacado un resultado tan bajo. En los términos que le gusta hablar a Pedro Sánchez, el bloque de izquierdas apenas es algo en esta región.Para que los electores tengan tan poco aprecio por partidos que en otras ocasiones votaron, tiene que haber razones de fondo. Los socialistas se apuntaron a la explicación de la constante rotación de candidatos, mientras que las huestes de Yolanda Díaz pretextaron falta de tiempo. Podemos, con poco más de 3.000 votos careció de ánimos para ofrecer un relato.

Candidatos
El argumento del PSOE es muy débil. Nuestra historia reciente está llena de candidatos que ganan la primera vez que se presentan. Zapatero venció en las elecciones generales de 2004, al igual que Feijóo en los comicios de julio de 2023. Si quieren ejemplos de socialistas asturianos, ahí están Álvarez Areces, Adrián Barbón o Rodríguez-Vigil, que fueron investidos presidentes tras ganar en las urnas la primera vez que optaron a presidir el Principado. En cuanto a la falta de tiempo de Sumar no llega al nivel de argumento, así que no merece la pena hablar de ello.

Hay dos razones que van encadenadas y contribuyeron a la caída del voto de la izquierda española. En una comunidad autónoma donde la inmensa mayoría de la población no es beligerante con la Constitución, la propuesta de amnistiar a prófugos y hacer concesiones ingentes a grupos independentistas daña la marca de partido. En paralelo, la campaña de Pedro Sánchez, centrada en que la izquierda desplazara al PP del poder, beneficiaba, con claridad, al BNG que era el partido de la oposición mejor valorado en las encuestas. Sánchez pidió, subrepticiamente, el voto útil, en una coyuntura en la que el PSOE ejercía de tercer partido.

El cambio de Sánchez, de encabezar un gobierno de unidad de la izquierda a liderar una mayoría plurinacional, se hace dando protagonismo a los nacionalistas y dejando desdibujado el perfil del PSOE. Sánchez se ha acostumbrado a gobernar tras obtener el PSOE malos resultados electorales (cinco veces fue candidato a presidente y sacó los siguientes escaños por orden cronológico: 90,85,123,120 y 121), así que analiza la política en términos de bloques, donde el papel de los nacionalistas es fundamental.

Nacionalismo
Como Sumar está falto de identidad y tiene como discurso elevar los sueldos, disminuir las horas de trabajo, subir los impuestos, oficializar todos los dialectos, regalar 20.000 euros a los que cumplen 18 años y visitar al Papa y a Puigdemont, el declive será imparable. En cuanto a Podemos, su porcentaje de voto es decimal. El futuro de la izquierda española es problemático.

El BNG tuvo una fuerte subida porque el nacionalismo es un valor en alza en España. Su discurso es potente hasta el punto de que lo imitan a izquierda y derecha. Sánchez asume sus demandas, y la gente los vota porque los ciudadanos apoyan a los partidos influyentes. Se habían pegado un batacazo ERC y Junts en las elecciones generales, pero Sánchez les dio vitaminas y reconstituyentes cediendo a sus pretensiones. Ya están preparados para ser hegemónicos en las elecciones catalanas de otoño.

Ana Pontón, líder del BNG, se mimetiza con Pello Otxandiano, candidato de Bildu a las elecciones vascas. Atuendo convencional, temas sociales, formas suaves. Se presenta como una candidata urbana para una sociedad que cada vez es más urbana, lejos del nacionalismo clásico del agro y la pesca. Toda una metamorfosis para una persona que nació en el municipio que tiene más vacas en Galicia: Sarria (Lugo), 11.959 cabezas. BNG y Bildu son los partidos preferidos por los jóvenes gallegos y vascos. Otro cambio, mientras la izquierda española está en declive, la izquierda nacionalista adquiere una pátina de modernidad.

PP
La derecha no ganó en Galicia, ganó el PP. Vox sigue siendo extraparlamentario. El PP victorioso en Galicia arranca con Fraga Iribarne, pero no por hablar en gallego (lo hablan todos) o agitar la bandera regional, sino por el plan de autovías. Felipe González le dio aire, para hacerle la pinza a Aznar, y en tres días estuvo con todos los ministros, menos con Matilde Fernández y Alfonso Guerra, «no tenía nada que hablar con ellos». El cambio en Galicia lo trajo el PP de Fraga. Y todo partido que ocupa muchos años el poder, está muy enraizado en el territorio. Como el PSOE asturiano, con decenas de alcaldes. Álvaro Queipo y compañía deben saber que no hay atajos. El PP asturiano no está en el Gobierno por falta de gaiteros, sino porque, hasta ahora, les faltó la inteligencia y la valentía de Fraga. Todo esto se lo puede contar Cascos con detalle.

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por JUAN NEIRA

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