El aplazamiento indefinido de la entrada en servicio de los trenes Avril en la línea de alta velocidad Gijón-Madrid ha colmado el vaso de la paciencia del Principado. Algún día tenía que ser. La fidelidad al partido y el temor a Pedro Sánchez no sirvieron de dique de contención al cabreo del presidente del Principado y del consejero de Fomento, Cooperación Local e Incendios, Alejandro Calvo. En materia de ferrocarriles habían tenido que soportar de todo. Desde 2019 declararon múltiples veces que el retraso en la finalización de la obra de la variante de Pajares no era culpa de Sánchez sino de Rajoy, pero al final pudieron comprobar cómo todos los anuncios del Ministerio de Transporte sobre la inauguración de la infraestructura se convertían en falsos. El Principado pensaba contar con los viajes a través de la cordillera para la campaña de los comicios autonómicos de mayo y no sirvieron de arma de captación de voto ni para las elecciones generales. Qué decir de los trenes de cercanías, donde la burocracia trabaja, pero la obra se aplaza. El malentendido con las medidas de túneles y máquinas ocurrió unos meses antes de que el Gobierno hiciera el pedido más grande de los últimos mandatos: más de cien trenes para el servicio de cercanías de Cataluña. La riqueza y el poderío ajeno sirve para resaltar la pobreza y el desamparo propio. No entro en una de las maniobras más humillantes que existen en las obras públicas: dejar las cosas a medias. El plan de vías de Gijón, con el túnel horadado por debajo de la ciudad es una forma de decir que no nos merecemos otra cosa. Y, en el fondo, aciertan. Si un día 15.000 gijoneses, no hacen falta más (como los diez hombres justos del Génesis), salieran en manifestación contra la burla del trabajo abandonado, se convocaría inmediatamente el consejo de administración de Gijón al Norte. Así lo lograron en otros sitios (Burgos, Murcia). Aquí nos gusta más encogernos de hombros.
El Principado ha levantado la voz y esta semana se verá Alejandro Calvo con el secretario de Estado de Transportes. Al parecer Calvo tiene tres objetivos: exteriorizar su enfado y disgusto con el aplazamiento de la llegada de los trenes Avril, preguntar por la fecha previsible para contar con su concurso y pedir compensaciones. Las compensaciones consisten en ampliar y profundizar las rebajas del precio de los billetes. Cuando hubo el escándalo de los trenes de cercanías se introdujo la petición de compensaciones en los Acuerdos de la Castellana. Fue lo único que se cumplió.