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Juan Neira

LARGO DE CAFE

LA MEDICINA DE BOLAÑOS

El Consejo de Ministros aprobó el proyecto de una ley orgánica, que según el ministro de Justicia, Félix Bolaños, va a suponer un gran cambio «al pasar de una estructura (judicial) propia del siglo XIX a un justicia del siglo XXI». La nueva ley cambiará tanto la justicia española que al aplicar su articulado propiciará un salto de dos siglos. Hay que decir algo sobre el contexto. El propósito del Gobierno se explicita en un momento en que el Ejecutivo, por un lado, y jueces y fiscales, por otro, están echando un pulso nunca visto en 47 años de etapa democrática. Si se quiere resumir lo que late detrás de las fricciones, no queda otro remedio que reconocer que la separación de poderes, tal como se entiende en una democracia, está cuestionada por las prácticas del Ejecutivo. Para los que tengas dudas sobre ello, podrán comprobarlo al constatar el silencio del presidente y de los ministros cuando los socios independentistas del Gobierno insultan y calumnian a los jueces. Una degradación institucional muy grave que Pedro Sánchez consiente.

Por todo lo anterior, hay que observar con mucha cautela todo lo que dice Bolaños de la nueva ley. Al parecer, básicamente, se trata de una cuestión de reorganización de órganos y funcionarios. Se van a reducir los 3.800 juzgados unipersonales a 431. La supresión es posible porque se crea un nuevo órgano, ‘tribunales de instancia’, que absorberán el trabajo de los juzgados unipersonales. A lo mejor la idea es estupenda, pero la manera de argumentarla de Bolaños no es muy convincente. Veamos.

Sostiene Bolaños que «de esta forma se equilibrarían las cargas de trabajo en todos los juzgados». En unos territorios (ciudades, villas, pueblos) hay una mayor demanda de los servicios de la Justicia que en otros, así que nada garantiza que tengan la misma cantidad de trabajo. Dice que con los 431 tribunales de instancia «se trabajará de una forma más colegiada y más ágil». Que haya varios jueces en las mismas oficinas no es sinónimo de gestión ágil. La afirmación de Bolaños es un desiderátum. Asegura el ministro que con los tribunales de instancia los criterios procesales «serán más comunes, evitando diferencias entre un juzgado y otro». No hay un solo indicio que permita pensar que la forma de trabajar de los tribunales de instancia será más homogénea que en los juzgados unipersonales. Me llama mucho la atención que Bolaños no haya reparado en que es más fácil desatascar los juzgados cambiando los procedimientos que creando nuevos órganos.

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por JUAN NEIRA

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