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Juan Neira

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FIN DE LA COMPLICIDAD

Doy por hecho que la discrepancia sobre el vial de Jove cambiará la relación del Principado con el Ministerio de Transportes y el resto del Gobierno, tras décadas de complicidad entre las dos administraciones. Adrián Barbón ha tomado la iniciativa, con sus declaraciones, para poner fin a un modelo de entendimiento que en los últimos tiempos tenía más costes para el Principado que ventajas.

En Santiago de Compostela coincidieron Óscar Puente y Adrián Barbón, invitados ambos a la investidura de Alfonso Rueda. Abrazos, risas y demás ceremonia gestual para transmitir la idea de que no hay problemas, sólo pequeñas desavenencias ya superadas. Nadie escenifica como los dirigentes socialistas, así que no les sigamos la corriente y abstengámonos de sustituir los argumentos por las apariencias.

El enfrentamiento no es fruto de declaraciones improvisadas, sino de la gestión que hace el equipo de Óscar Puente de las infraestructuras del Estado en nuestra región. El cúmulo de retrasos, incumplimientos y olvidos del Gobierno acabó dejando a Barbón al pie de los caballos: el silencio le convertiría en cómplice del desaguisado, así que optó por la queja, la réplica, la crítica, el distanciamiento, la amenaza velada. Todos los recursos que puede utilizar un político contra los rivales los empleó, por primera vez, contra un ministerio socialista. Desde el departamento de Óscar Puente no hubo una respuesta nítida, en parte porque están sorprendidos y en parte porque tienen un margen de maniobra mucho mayor que el presidente asturiano, que ya asumió compromisos con el Ayuntamiento de Gijón y las asociaciones vecinales de la ciudad, de los que tendrá que responder.

Fortaleza
¿Cuál es el punto fuerte del Principado para hacer política en el nuevo escenario? La Presidencia socialista. Sólo hay tres comunidades con presidente socialista: Asturias, Castilla-La Mancha y Navarra. Un capital a proteger por parte de todo el partido. En realidad, cabría hablar de dos presidencias, porque María Chivite fue investida con los votos de Geroa Bai, Contigo Zurekin y la necesaria abstención de Bildu. Una vez armado todo ese montaje, solo tiene un escaño más que la derecha. Su capacidad de maniobra es mínima.

Bien es cierto que en Ferraz, como en todas las sedes centrales de los partidos, se analiza hasta el detalle, y habrán visto que en Asturias los seis escaños desaparecidos de Ciudadanos y el perdido por Foro fueron a parar al PP y ninguno al PSOE. Ese es el coste de llenarse la boca con discursos de izquierda y, sobre todo, de tener una política fiscal intransigente, renunciando a deflactar el IRPF y gravando las herencias en mayor medida que los territorios que nos rodean. En cualquier caso, no puede decir mucho Pedro Sánchez, porque pese a utilizar la pólvora europea, el endeudamiento español y la demagogia propia, tras cinco elecciones generales como candidato a la Presidencia del Gobierno, lo más que obtuvo fueron 123 escaños en la primavera de 2019. Siguiendo la secuencia temporal estos fueron sus registros: 90-85-123-120-121. Y se decía, en su día, que Fraga tenía un techo electoral bajo. Pues Sánchez…

Debilidad
Dando por buena la fortaleza electoral del socialismo asturiano, digamos que la mayor debilidad estriba en la falta de comunicación con el Gobierno y la dirección del partido. En 2019, cuando Barbón fue investido presidente, la FSA y el Principado estaban mejor comunicados que cualquier otro gobierno autonómico con Ferraz y la Moncloa, a través de Adriana Lastra, vicesecretaria general y portavoz parlamentaria. Una vez que Lastra se convirtió en diputada rasa, el aislamiento es notorio. Bien es cierto que su influencia exigía un peaje a pagar: la absoluta lealtad a lo que dijera el Gobierno y el partido. El ‘sanchismo’ asturiano era la fiel infantería del presidente. Ahora tienen más libertad, pero no gozan de protección. La nueva situación genera pérdida de cohesión interna en el partido.

En el corto plazo, el Principado tiene ante sí dos problemas graves: las consecuencias de la bilateralidad concedida al País Vasco y Cataluña, que implicará menos recursos para el resto de regiones, y la situación crítica de la siderurgia, con el plan del acero verde parado y el consumo creciente de acero importado, que roza la mitad del consumo español. Recordemos que estábamos en el inicio de la ‘década del cambio’.

La batuta
Hay otra dificultad relacionada con la forma de gobernar. Se ve en la crisis del vial de Jove, donde las asociaciones vecinales y el Ayuntamiento gijonés marcan la ruta, cuando le corresponde al Principado llevar la batuta. Parece que al final han reaccionado y el Gobierno asturiano no mandará representantes a la comisión de trabajo que depende del Consejo Social de la Ciudad de Gijón.

¿En qué consejo social, o comisión de trabajo, de una ciudad están representados los gobiernos nacional y autonómico, salvo en casos de catástrofe? Si el vial de Jove es un asunto de dimensión regional (Barbón dijo que «lo tomaremos como un tema de legislatura clave»), le toca al presidente convocar a las instituciones o entes que considere oportuno y negociar con el ministro.

En un asunto de tanto calado, el presidente del Principado no puede ser un mero mediador o acompañante de instituciones, organizaciones o colectivos, sino el genuino representante de los intereses generales.

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por JUAN NEIRA

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