No suele ser habitual que me dirija a usted a través de una carta». Así inicia Pedro Sánchez una misiva a los españoles en la que anuncia la apertura de un periodo de reflexión, hasta el lunes, para sopesar si merece la pena seguir al frente del Gobierno dados «los ataques sin precedentes de la derecha y ultraderecha contra mi esposa». La singular iniciativa del presidente está motivada por el inicio de diligencias judiciales, abiertas por un juzgado de Madrid, contra su mujer, Begoña Gómez, para esclarecer las relaciones habidas entre la cónyuge del presidente y alguna empresa privada que fue rescatada por el Gobierno con fuertes ayudas económicas. El asunto lleva varios meses en los medios, conociéndose que ya estaba judicializado unas horas antes de que Pedro Sánchez publicara en las redes sociales la carta a los españoles.
Lo primero que hay que destacar es la audacia de Pedro Sánchez. Es capaz de convocar elecciones generales a las pocas horas de perder por goleada las autonómicas y municipales, y amaga con dimitir al saber que un juez quiere indagar en lo que hay detrás de un acuerdo de patrocinio firmado por su mujer con una empresa que, andando el tiempo, recibiría 475 millones del fondo de rescate de la SEPI.
Politizar al máximo la instrucción judicial es un objetivo claro de la carta, tratando de culpabilizar al PP y a Vox del paso de su esposa por el juzgado. La iniciativa formaría parte de una operación de acoso y derribo, atacando al presidente del Gobierno «en lo político y en lo personal». A ver si después de todo esto hay un solo ciudadano que considere que estamos ante una instrucción judicial neutral.
La carta tiene más objetivos. El itinerario fijado en la Moncloa, principal centro de estrategia política del país desde que Sánchez es presidente, pasa sin duda por la respuesta social. Una carta tan dramática y melodramática («soy un hombre profundamente enamorado de mi mujer») busca una respuesta emocional de masas. Una gran manifestación en Madrid, a ser posible el fin de semana, despejaría las fingidas dudas de Sánchez entre seguir o dimitir, que debe resolver el lunes. De esa forma repetiría, a escala ciudadana, el esquema de liderazgo que impuso en el partido: comunicación directa del jefe con las bases. Nada de presentar cuestiones de confianza en el Congreso de los Diputados: clamor multitudinario en la calle. Último objetivo: la defensa del presidente potenciará la movilización del electorado de izquierdas ante las elecciones catalanas y europeas.