El informe sobre la exclusión social realizado por la Red Asturiana contra la Pobreza (EAPN), el pasado año, mostraba que Asturias era la comunidad autónoma del norte con un mayor porcentaje de pobreza. Ninguna otra región norteña tenía más de una cuarta parte de la población en esa situación. En el informe se evidenciaba que Navarra y el País Vasco tienen una sociedad con más cohesión social que el resto, con el 14,5% y el 15,7% de pobreza. Otros territorios de nuestras latitudes, como Cantabria (19,5%), Castilla y León (22,1%), Galicia (23,6%), Aragón (19,1%) y Cataluña (20,4%) presentan un panorama bastante homogéneo, con solo cuatro puntos y medio de diferencia entre la que está mejor (Aragón) y peor (Galicia), siendo Asturias la que se sale de la pauta con más del 25% de personas por debajo del umbral de la pobreza.
Al analizar el mapa de la pobreza, como ocurre con el mapa de la educación o del desempleo, hay que diferenciar entre norte y sur. La situación de las regiones que están al sur de Madrid es mucho más preocupante en casi todos los indicadores socioeconómicos. Extremadura, Canarias, Murcia o Castilla-La Mancha tienen un tercio de la población viviendo en la pobreza. A nadie le puede extrañar, porque, por muy duro que resulte decirlo, estamos hablando de otra sociedad. Esa diferencia entre el norte y el sur viene ya de los tiempos de la revolución industrial. Sin embargo, el caso de Asturias no es fácil de entender. Una región bien situada en nivel educativo, en términos comparativos, con un desempleo inferior a la media española, con un sector industrial muy reducido, pero aún potente si se pone en el contexto de la nación y con una sociedad integradora que no padece problemáticas divisivas, tiene más personas en situación de vulnerabilidad que todas las comunidades autónomas al norte de Madrid. Si a todo lo anterior añadimos que casi un tercio de la población asturiana está formada por jubilados y que las pensiones que se ingresan en Asturias son las segundas más altas de España, tras las del País Vasco, el alto índice de pobreza es una realidad de difícil explicación.
Para abundar en la cuestión, los datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, del pasado mes de julio, muestran que, de las provincias del norte, también somos la que tiene más personas de 65 años que viven gracias al Ingreso Mínimo Vital. En definitiva, pese a estar la región volcada en la tercera edad, dado que la juventud es una rara avis, necesitamos más ayudas cada día.