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Juan Neira

LARGO DE CAFE

GASTAR DÍNERO EN EL MONTE

El noroeste de España vive una emergencia con la proliferación de incendios que en algunos casos no están controlados, en especial en las provincias de Orense y Zamora. El ministro de Interior, Grande-Marlaska, ha informado que hay dieciséis incendios activos de alto nivel de riesgo. En Asturias había ayer cuatro: Genestoso (Cangas del Narcea), Bezanes (Caso), Faedo (Quirós) y Camarmeña (Cabrales). Las altísimas temperaturas en gran parte de la región, máximas en décadas, no ayudan a apagar las llamas.

La multiplicidad de los incendios vino precedida de anuncios en las carreteras avisando estas semanas del peligro («Alto riesgo de incendios. Extreme precauciones»). En los últimos cincuenta años el 78% de los grandes incendios fueron en julio, agosto y septiembre, siendo agosto, con gran diferencia, el mes donde más hubo. En Asturias estábamos sobre aviso, porque los últimos días de marzo y primeros de abril de 2023, decenas de fuegos destruyeron 33.000 hectáreas, el 3,1% del territorio regional. Lo nunca visto. Aquella dramática experiencia tuvo dos efectos: señalar a los pirómanos como «terroristas del fuego», en expresión afortunada del presidente Barbón, y dar mayor importancia a los servicios de prevención, llegando a elevarse al frontispicio de una consejería (Consejería de Fomento, Cooperación Local y Prevención de Incendios).

Los pasos dados no son suficientes y los habitantes del medio rural se sienten abandonados cuando las llamas queman casas y pastos. Llega hasta tal punto el desánimo que culpan de todo lo que pasa a los políticos, porque el monte está lleno de maleza, no se practican desbroces, y la naturaleza abandonada se convierte en combustible para el fuego. Señalan que el acceso de los bomberos al frente de llamas resulta dificultoso porque los «caminos son los mismos de hace setenta años, resultado de la dejadez de tanto tiempo». La inquietud les hace decir que «nunca corrimos tanto peligro como ahora».

Desde el inicio de la actual centuria diversos estudios señalaron a los grandes incendios (más de 500 hectáreas) como un siniestro de creciente frecuencia en este siglo. Hubo políticos que hablaron de ello (Felipe González), mientras otros desdeñaron esa amenaza. A nuestra escala regional es preciso incrementar los medios de prevención, pero tan importante, o más, es tomar medidas sobre el terreno para evitar la propagación de las llamas. Hay que gastar dinero en el monte. Debe notarse en el proyecto de presupuestos de 2026.

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por JUAN NEIRA

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