Ovidio Zapico agitó las aguas de la política asturiana con una propuesta novedosa: ofrece a los socialistas formar una coalición electoral en el occidente y el oriente de la región. El líder de IU aspira a que la izquierda se presente unida, con una sola lista electoral en las alas de la región. En su plan incluye a Sumar y Somos Asturies (grupo de militantes expulsados de Podemos que lidera la diputada Covadonga Tomé), pero para que la propuesta sea exitosa necesita del concurso del PSOE.
No es fácil convencer a formaciones políticas dispares que se junten en una sola candidatura. Para lograrlo, Zapico presenta una disyuntiva dramática: en los comicios autonómicos se votará «democracia o autoritarismo». Supongo que el cuerpo le pedía decir, democracia o fascismo, pero se reprimió.
Circunscripciones
Para entender la oferta de IU hay que partir de la artificial división del mapa electoral de la región en tres circunscripciones. Una decisión peculiar de los padres del Estatuto de Autonomía. No hay ninguna comunidad autónoma que tenga circunscripciones electorales subprovinciales. Somos únicos. Asturias, con solo 10.600 Kilómetros cuadrados, se divide en tres territorios, de tal forma que, por ejemplo, la gente de Villaviciosa, a 13 minutos de El Molinón, elige listas de diputados distintas a las que se votan en Gijón.
Con pose de estadistas argumentaron que se trataba de que las zonas rurales, menos pobladas, tuvieran «voz» en la Junta General del Principado. Lo que ellos llamaban tener voz es conceder una sobrerrepresentación a unos territorios sobre otros, a unos ciudadanos a costa de otros. Eso es lo que ocurre en nuestra región.
En la Asturias de las tres circunscripciones, representadas en la Junta General, si tomamos los resultados de los últimos comicios autonómicos nos encontramos con que por cada diputado del centro de la región hay 12.651 votos detrás; en la circunscripción occidental, a cada escaño le corresponden 9.908 votos, y en la oriental el acta de diputado se consigue con 7.921 sufragios. La diferencia nace de otorgar más escaños a unos territorios, sin aceptar como unidad de medida la población asentada en cada uno de ellos. Un truco que falsea la voluntad electoral.
Dividir Asturias en tres circunscripciones fue una decisión insensata en una región que tiene en el localismo su principal obstáculo para cohesionar el territorio. En una tierra donde una minoría ensimismada quiere imponer tres lenguas oficiales (un lujo que solo se permite Luxemburgo, aprovechando que dos de ellas son el alemán y el francés), la elite política optó por separar en vez de unir. En puridad no hay diputados por Asturias, sino por comarcas concretas.
De ese invento salió perjudicada IU, como ocurre ahora con el resto de partidos pequeños. Hace ya muchos años que IU, como también hizo Unión Progreso y Democracia, pidió que se fusionaran las tres circunscripciones en una sola, sin que le acompañara el éxito.
‘Sorpasso’
La razón inmediata que motiva a Zapico a proponer una lista conjunta es el temor al ‘sorpasso’. Los resultados recientes en elecciones autonómicas (Galicia, Extremadura), a los que se sumará hoy Aragón, salvo sorpresa mayúscula, hablan de un cambio de ciclo. Es el turno de la derecha, con la excepción de los territorios con fuerte implantación del voto nacionalista (Cataluña, País Vasco, Navarra).
Zapico, aunque lidera un partido con fuerte impronta ideológica, no necesita gafas para darse cuenta de que es muy difícil impedir la victoria de la derecha, que por lo demás, no es un fenómeno específico de Asturias ni de España, ya que se extiende por toda Europa.
La propuesta de una candidatura conjunta es un último intento por no desperdiciar los votos de los partidos pequeños sin posibilidad alguna de obtener un escaño. En la izquierda hay políticos con otra perspectiva, como Adriana Lastra, que declaró a este periódico que «Barbón es imbatible, el PP no tiene posibilidad alguna de gobernar en Asturias». La amistad sincera nubla la capacidad de hacer un análisis objetivo.
Oferta
A no ser que impriman otra dinámica, el balance del mandato amenaza con ser muy pobre, porque la burocracia sigue lastrando la actividad del Gobierno, hay impedimentos ideológicos para apoyar proyectos sensatos (parques de baterías, hipermercado Costco), existe un déficit de músculo político en el Ejecutivo, el Gobierno central se desentiende de Asturias y nos obligará a pasar por las horcas caudinas del modelo de financiación autonómica. Es cierto que Adrián Barbón es un presidente muy conocido, pero hacen falta más argumentos y mejores aliados para sostenerse en el Gobierno.
Barbón sólo aceptará la oferta de Zapico si la lista única es la del PSOE y el resto de pequeños grupos de la izquierda renuncia a presentar candidaturas en las alas, con la promesa de ser bien tratados cuando Barbón forme gobierno y haga los cientos de nombramientos que se necesitan para que comience a andar la locomotora de la Administración del Principado.
Quedan quince meses y en política los quince meses previos a unas elecciones pueden cambiar las certezas. Más allá de que se produzcan hechos extraordinarios, a escala mundial o europea, creo que el verdadero enemigo del Gobierno de coalición de la izquierda es haberse instalado en la zona confort. Qué engañosos son los segundos mandatos.