En Asturias las incidencias en el tráfico ferroviario son una constante. La normalidad es menos frecuente que su contrario: servicio anulado por falta de personal, máquina estropeada entre dos estaciones, paradas técnicas, problemas de catenaria, etc. De tanto repetirse las anomalías, las quejas amainan y la resignación colectiva se impone. El tren es gratis –la gran contraprestación que obtuvieron Barbón y Revilla del Ministerio de Transportes cuando estalló el escándalo de los trenes que no cabían por los túneles–, así que no perdamos la calma. Sin embargo, es difícil que haya en otra comunidad autónoma una red ferroviaria tan dañada, con un material móvil tan obsoleto y que preste un servicio tan nefasto.
Una avería en el Centro de Tráfico Centralizado dejó las principales líneas sin circulación durante tres horas. Restablecido el tráfico, a media jornada todavía tenían media hora de retraso. El primer AVE de la mañana (recordarán que los empresarios querían adelantar su salida para hacer gestiones en Madrid) alcanzó ayer la estación de Chamartín con cien minutos de demora.
Los maquinistas y el resto del personal ferroviario están contentos por la victoria que obtuvieron con un día de huelga. Visto el éxito del paro, el ministro Óscar Puente debió de preguntar dónde hay que firmar y dio el visto bueno a unas cifras en incorporación de personal, gasto de mantenimiento y seguridad muy relevantes. Nada que ver con anteriores previsiones. Los ferroviarios asturianos quieren que el Principado se implique en el reparto de los recursos ofertados. Según los sindicalistas de CC OO y UGT, el Plan de Cercanías (2017-2025) «no computa». Es un compromiso anterior, y ellos están interesados en que el Principado reivindique una parte de los 3.600 millones destinados a contratar personal y los más de 1.800 destinados a gasto en mantenimiento, asumidos por el Ministerio de Transporte para zanjar el conflicto laboral.
El Principado tiene las cosas muy claras. Valora el acuerdo alcanzado para desconvocar la huelga, ratifica que el ferrocarril es el principal activo para la movilidad en Asturias, recuerda que el Estado es la administración competente sobre la red ferroviaria asturiana y considera que el Plan de Cercanías «constituye la herramienta central para la modernización del sistema ferroviario regional». Con otras palabras: los sindicalistas deben negociar los recursos concedidos por Transportes y el Principado vigilar el Plan de Cercanías.